Cuando alguien descubre algo en la vida que verdaderamente le apasiona, frecuentemente no puede evitar pensar en ello durante las 24 horas del día.

Y si esa pasión coincide con tu ocupación principal – eso que habitualmente llamamos “trabajo” pese a sus connotaciones negativas – puedes considerarte una persona tremendamente afortunada.

No es algo que hagamos de forma consciente (“voy a sentarme en este banco a pensar sobre mi nicho de mercado…” o “a ver si mientras me ducho se me ocurre una nueva mejora para mi blog”), sino que más bien son reflexiones fugaces que entran y salen de nuestro subconsciente, sin demasiado orden ni concierto, mientras llevamos a cabo nuestras tareas cotidianas.

¿Crees que fregar los cacharros cada noche o tomar el metro cada mañana es una pérdida de tiempo? La realidad es que si tienes la actitud adecuada y una buena predisposición, es todo lo contrario.

La inspiración llega cuando uno menos se lo espera, y nuestros repetitivos quehaceres cotidianos son un caldo de cultivo inmejorable para la creatividad. Pero de esto hablaremos otro día en mayor profundidad…

Porque hoy vamos a hablar de ventajas competitivas. Concretamente, de ventaja competitiva.

A mí me apasionan dos cosas por encima de todas las demás: (1.) el marketing digital y (2.) generar el mayor valor posible a los Lectores y Oyentes de La Academia de Marketing Online.

¡A ti, querido Lector!

Gracias a esta pasión, hay una parte de mi cabeza que está continuamente procesando estímulos que llegan del exterior (música, colores, mensajes publicitarios, palabras, personas…) e intentando encontrar aplicaciones prácticas a efectos de marketing online.

No es algo que hago de forma intencional, si bien es un hábito que he ido aprendiendo a entrenar y facilitar.

A mediados de septiembre visité la ciudad de Venecia en Italia por primera vez en mi vida.

Me traje de vuelta miles de fotografías (incluyendo una frente a la Iglesia de San Barnabá donde se rodaron varias escenas de Indiana Jones y la Última Cruzada), incontables kilómetros caminados, paisajes inolvidables, un par de imanes para el frigorífico y una lección práctica que voy a compartir contigo ahora mismo.

Cuando uno piensa en Venecia, inevitablemente la estampa que nos viene a la cabeza es la del gondolero con el jersey de rayas surcando los estrechos y románticos canales de la ciudad.

Por si no lo sabías, una góndola es una barca larga y estrecha tradicional de Venecia.

Imagen cortesía de Arslan

Su patrón (el “gondolieri”) la propulsa con la ayuda de un sólo remo (un palo muy largo), y más que un medio de transporte es una atracción en sí misma desde donde se pueden ver algunos lugares que de otro modo serían inaccesibles.

Históricamente las góndolas eran el principal medio de transporte de Venecia, y durante los Siglos XVII y XVIII se calcula que unas 10.000 góndolas surcaban los canales de la ciudad (cuesta imaginárselo, porque los canales son muy estrechos, pero son los datos históricos).

Hoy día, sin embargo, apenas hay 400 góndolas en circulación y las nuevas licencias están estrictamente controladas.

400 góndolas para una ciudad que visitan 60.000 turistas al día, o casi 22 millones de personas al año.

Muchos de estos turistas se dan un paseo en góndola, cuya tarifa oficial (no negociable) es de 80€ para 30 minutos. El precio sube hasta los 100€ por recorrido de 30 minutos a partir de las 19:00, y por supuesto los extras y propinas van aparte.

Es caro. Muy caro, pero muchísimos turistas no dejan pasar por alto la oportunidad ya que al fin y al cabo eso es lo que se hace en Venecia… ¿Cómo se van a marchar de la ciudad de los canales sin haber experimentado de primera mano su principal atracción?

Es como visitar Orlando y no ir a Magic Kingdom porque el pase es muy caro. Ya sabes a lo que vas, y sabes que vas a caer.

Dicho de otra manera: por muy inepto que seas, por escasa que sea tu motivación, por poco preparado que estés (siempre y cuando tengas tu licencia en vigor) un “gondolieri” no tiene más que sentarse junto a su embarcación y esperar a que llegue el dinero en forma de turista y con su cámara de fotos colgada del cuello.

Imagen cortesía de Daniel Horacio Agostini

Vale, estoy exagerando un poco, pero entiendes el mensaje ¿verdad?

El “gondolieri” en Venecia tiene una enorme ventaja competitiva sobre los hoteles, las tiendas de recuerdos, los restaurantes o las cafeterías.

De igual forma, los talleres de cristal de la vecina isla de Murano también cuentan con una ventaja competitiva porque realmente mucha gente visita este pequeño enclave con el único propósito de comprar cristal (o al menos de ver cómo se fabrica, pero lo uno lleva a lo otro…)

La lección que podemos aprender de los “gondolieri” es evidente, mi querido Lector: no sólo debes aprovechar tu ventaja competitiva, sino que debes abusar de ella.

¿Qué significa esto a efectos prácticos?

Como hemos repetido ya unas cuantas veces aquí en el blog y en la versión audio de La Academia de Marketing Online, podríamos resumir el marketing digital como el conjunto de técnicas y herramientas encaminadas a generar y monetizar Audiencias.

Para generar Audiencias – un paso previo necesario para la posterior monetización – hay que aportar un claro valor añadido no sólo en lo que compartimos con nuestros Usuarios, sino también en cómo lo hacemos.

¿Cómo se puede destacar en un nicho de mercado terriblemente competitivo, ya sea con un blog, un canal de YouTube, un podcast o una aplicación móvil?

La respuesta es haciéndolo mejor que los demás.

Para hacerlo mejor que los demás – para aportar más valor añadido a nuestra Audiencia – debemos identificar y posteriormente abusar de nuestras ventajas competitivas; eso que tenemos nosotros y de lo que que nuestros competidores carecen.

¿Cuál es tu ventaja competitiva?

Pues obviamente cada uno de nosotros tenemos una serie de cualidades diferentes, y aunque a bote pronto pienses que tú eres un “bicho raro” o algún tipo de “caso excepcional” y que no tienes absolutamente nada a tu favor, te garantizo que todos tenemos nuestras armas competitivas y debemos aprovecharlas.

Algunos ejemplos de ventajas competitivas:

  • Personas con una extraordinaria facilidad para escribir y plasmar sus pensamientos e ideas prácticas (una clara ventaja competitiva para los bloggers).
  • Personas con una extraordinaria fotogenia y/o naturalidad ante las cámaras (una clara ventaja competitiva en YouTube, Instagram y demás canales visuales).
  • Personas con una extraordinaria capacidad de expresarse oralmente (una clara ventaja competitiva a la hora de producir un podcast u ofrecer cursos).
  • Personas con conocimientos técnicos y de programación que pueden aprovechar al máximo el poder de la tecnología en su labor de generación y monetización de Audiencias.
  • Personas con sentido de la estética y capacidad de diseño que son capaces de maximizar el atractivo visual de todo lo que hacen (claramente este no es mi fuerte).
  • Personas luchadoras; guerreros y guerreras perseverantes con la voluntad de hierro y la disciplina necesaria para llevar adelante cualquier proyecto y sobreponerse a cualquier tropezón.
  • Personas que adoran su nicho de mercado y son capaces de transmitir esa pasión a los demás.
  • Personas con un caracter excelente, con paciencia y con don de gentes: no hay nadie mejor que ellos para interactuar con los Usuarios (así es precisamente cómo se construye una Audiencia).
  • Personas que necesitan menos horas de sueño de lo normal.
  • Personas que no tienen una ocupación formal a tiempo completo, o que tienen buena parte del día libre para profundizar en su actividad de marketing digital.
  • Personas que tienen la envidiable capacidad de explicar conceptos elaborados y complejos de forma clara y sencilla.

No todos tenemos la fortuna de haber nacido en una familia de “gondolieri” y de tener una fuente de ingresos prácticamente garantizada, pero todos sí tenemos al menos una ventaja competitiva. Aunque esté latente.

Hay una vieja historia de una compañía petrolífera que encontró gas natural haciendo una prospección rutinaria en el jardín de una familia de escasos recursos económicos. Las reservas que encontraron tenían un valor de cientos de millones de dólares.

Al abandonar la parcela, después de dar la buena noticia a la familia, el empleado de la compañía se volvió a su compañero y le comentó: “menuda suerte tiene la familia. Ahora son millonarios…”

A lo que el compañero respondió: “siempre han sido millonarios, pero lo han descubierto ahora.”

¿Has pensado alguna vez cuál es tu ventaja competitiva? ¿Está enterrada – como esas reservas de gas natural – o la estás aprovechando al máximo?

Si lo primero que has pensado después de leer los puntos anteriores es que tú no tienes ninguna ventaja competitiva, lo primero que te sugiero hacer es cambiar el chip. Y lo segundo que te sugiero hacer es preguntar a tus amigos y familiares qué es lo que más les gusta de ti, y cuáles creen que son tus principales virtudes.

Recuerda: tener una buena opinión de ti mismo, ser capaz de identificar tus fortalezas y además saber explotar las ventajas competitivas que llevas dentro (y que están allí por algo) es uno de los ingredientes esenciales para alcanzar el éxito en cualquier actividad.

Este artículo apareció primero en OscarFeito.com.

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