¿Suena chungo verdad? Yo he tenido que releer la noticia varias veces, consultar diversas fuentes de información para comprender cómo va esto, y echarle un vistazo al calendario para asegurarme de que no se trataba de una broma.

La prestigiosa revista de ocio Entertainment Weekly comenzará a insertar anuncios de vídeo en su edición impresa de septiembre. ¿Cómo, se preguntarán? Pantallas ultra-finas de 2×1,5 pulgadas, no más gruesas que el típico encarte publicitario o formulario de suscripción que solemos encontrar en estas publicaciones, equipadas con un chip alimentado por una batería recargable que permite almacenar hasta 40 minutos de vídeo. Cuando se abre la página se activa el vídeo-anuncio, que inicialmente promocionará productos de Pepsi así como series de la cadena televisiva CBS. Aparentemente el dispositivo incluirá también unos controles básicos para controlar la reproducción de los clips. Inicialmente se incluirá sólo en las ediciones enviadas a suscriptores de Los Ángeles y Nueva York, con lo cual no estará disponible en los kioscos.

Me asaltan varias dudas. En primera lugar, y aunque no se ha desvelado el coste de producir y encartar estos anuncios, ¿no disparará los costes de producción que ya de por sí lastran las cuentas de estas editoriales? Según han confirmado representantes de Time-Warner, propietarios de Entertainment Weekly, el precio que pagarán los anunciantes por estos anuncios será superior al de los anuncios convencionales pero ¿cuánto superior? Supongo que habrán hecho sus números, pero basar el éxito publicitario de la revista en si ese mes se venden o no este tipo de anuncios parece aventurado como mínimo. Igualmente, es sabido que uno de los principales factores que está llevando a muchos anunciantes a trasladar parte de su presupuesto a nuevos soportes es porque el retorno y la rentabilidad de los mismos se puede medir; algo que no resulta evidente con este nuevo formato.

Por último, ¿cómo valorará el lector esta medida? Una publicación física se financia principalmente con (1) el precio de venta al público por cada ejemplar (y estas revistas no son baratas) y (2) publicidad no intrusiva a la que el lector decide si prestar atención o no. La inclusión de formatos publicitarios cada vez más agresivos (¿molestos?) puede alterar este frágil equilibrio.

No se puede negar que al menos es una medida original para salvar una industria – la de la prensa convencional – que no está viviendo sus mejores momentos. A bote pronto me da la impresión de que este nuevo formato atraerá a un puñado de anunciantes a corto plazo, guiados más por la novedad que por la efectividad.

Les dejo un pequeño vídeo con la demo:

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