El minimalismo está de moda en el mundo del marketing online.

Seguramente te sonarán conceptos como el marketing de guerrilla, el growth hacking, la filosofía de lean startup popularizada por el emprendedor de Silicon Valley Eric Ries o el libro Rework de 37signals.

De hecho, a lo mejor incluso estás un poco harto (como yo) de oír hablar de estas paranoias.

En su esencia, todos estos conceptos vienen a decir lo mismo; un negocio en Internet debe centrarse en lanzar un producto viable lo antes posible, minimizar sus gastos hasta certificar la validez del modelo de negocio y lograr flujos de caja positivos utilizando recursos limitados de la forma más eficiente posible.

Una filosofía, por otro lado, basada en el sentido común por lo que no deja de sorprenderme que pretendamos ponerlo de moda a estas alturas de la película pero eso es harina de otro costal (o una historia para otro día).

El problema – tremendamente común en marketing online por otro lado – surge cuando llevamos este dogma minimalista hasta el extremo y nos convertimos en hombres y mujeres orquesta; superhéroes atrapados por nuestros propios negocios y encadenados a un sinfín de tareas aburridas y/o repetitivas que nos impiden dedicar tiempo a las áreas donde realmente aportamos valor.

Si estás leyendo este blog (ante todo, muchas gracias, encantado de tenerte por aquí), seguramente será porque quieres poner en marcha tu propio negocio en Internet. O quizás porque quieres encontrar nuevas ideas para potenciar algo que ya has arrancado.

De una forma u otra, antes o después, corres el riesgo de contraer este síndrome del superhéroe; pero no temas porque tiene fácil solución.

La gran ventaja de muchos de estos negocios en Internet es que no necesitamos nada más que un cerebro medianamente funcional y unos conocimientos básicos para ponerlos en marcha; a diferencia de las icónicas startups de Silicon Valley, para ganar dinero con el marketing digital uno no necesita financiación externa, ni capital riesgo, ni equipo, ni siquiera inventar nada.

Y esto es precisamente el principal inconveniente del marketing digital “de andar por casa” (y para nada lo digo en tono despectivo). Al tratarse de algo que gestionamos nosotros mismos (y que muchas veces empieza como un simple hobby que poco a poco empieza a tomar forma y a generar ingresos) frecuentemente cuesta percibirlo y tratarlo como un negocio.

Cuando enfocas algo como un negocio desde el principio, hay un concepto muy claro: el proceso productivo requiere una inversión de recursos para producir ingresos, y el objetivo es que tras restar lo uno de lo otro nos quede un beneficio.

Sin embargo, cuando iniciamos nuestra andadura en esto del marketing online – quizás a través de un blog en un nicho de mercado que hemos identificado previamente – no hay ingresos (ni se les espera a corto plazo). De ahí que resulta prácticamente impensable pensar en incurrir gastos.

El efecto práctico de todo esto es que terminas haciéndolo todo tú mismo: el proceso de validación de tu nicho, el análisis de la competencia, la creación del sitio web, el diseño, los logotipos, por supuesto la generación de contenidos (incluyendo producción y edición de contenido multimedia como vídeo tutoriales o podcasts), la interacción con tus Usuarios en redes sociales y un largo (largísimo) etcétera.

Sin comerlo ni beberlo nos hemos convertido en unos superhéroes, y terminamos haciendo mucho más de lo que razonablemente puede hacer (con un nivel aceptable de calidad y eficiencia) una persona de a pie.

Evidentemente esto de hacerlo todo tú mismo es el camino convencional, y el que debes seguir cuando comiences tu aventura de marketing online por dos motivos:

  1. Primero porque no tiene sentido incurrir en gastos innecesarios hasta no tener una perspectiva razonable de ingresos.
  2. Y segundo porque creo firmemente que antes de subcontratar procesos conviene saber realizarlos uno mismo con el objetivo de exactamente lo que necesitamos y cuánto estamos dispuestos a pagar por ello (por cierto, para aprender a hacer muchas de estas cosas te recomiendo empezar por aquí).

Sin embargo, todo proyecto o actividad de marketing online inevitablemente llega a un cruce de caminos; una línea que divide el hobby del negocio. Una intersección a partir de la cual es imposible seguir creciendo si insistes en hacerlo todo por tu cuenta.

Todo proyecto de marketing online llega a un cruce de caminos que divide el hobby del negocio
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Cuando llegues a este cruce de caminos – y desde aquí seguiré ayudándote todo lo posible para que así sea –  tendrás que decidir si lo tuyo es una mera afición o si realmente quieres crear un negocio. Te darás cuenta de que todo tu tiempo disponible se marcha en mantenerte donde estás o conservar lo que has construido, y si intentas seguir creciendo como un superhéroe inevitablemente te quemarás.

El primer paso para solventar esta situación (asumiendo que realmente lo que quieres es un negocio en crecimiento) es simplificar tus procesos y ser lo más eficiente posible.

Cuando hayas hecho esto, el siguiente paso es centrarte en aquellas áreas donde aportas más valor y subcontratar el resto (te recomiendo empezar por plataformas como Fiverr.com, Odesk.com y Freelancer.com para tareas más sencillas aunque a largo plazo lo mejor es identificar colaboradores dentro de tu propia comunidad de Usuarios ya que ellos compartirán la misma pasión por tu nicho de mercado y tienden a hacer las cosas con mucho más interés que un freelancer ajeno a tu tribu).

¿Pero por dónde empezar? Te recomiendo hacer una lista desgranando tu actividad de marketing online e identificando los siguientes procesos:

  1. Aquello que odias hacer incluyendo tareas aburridas, procesos mecánicos o quehaceres repetitivos que consumen tiempo. Por ejemplo, realizar el mantenimiento de tu sitio web, instalar todas las actualizaciones de tus plantillas y plugins de WordPress, editar tus vídeo-tutoriales para YouTube…
  2. Aquello que te gusta, e incluso se te dan bien, pero requiere una cantidad desproporcionada de tiempo y no es algo esencial para el funcionamiento de tu negocio. Por ejemplo me refiero a procesos como diseñar imágenes para destacar tus publicaciones en Facebook, modificar las plantillas de tu página web o personalizar determinados tipos de widgets y funcionalidades para tu página. Recientemente dediqué un tiempo excesivo en programar un código sencillo que permite compartir en Twitter cualquier frase de este blog (puedes verlo en acción aquí o un poco más abajo). Finalmente lo conseguí, quedó exactamente como yo quería (aunque seguramente podría optimizarse bastante el código), pero podría haberlo hecho un experto en 15 minutos y yo podía haber invertido ese tiempo en escribiendo 5 ó 6 nuevos artículos para esta página que es un área donde realmente aporto valor.
  3. En general todo aquello que no esté directamente relacionado con la producción de contenido de calidad. Independientemente de si te gusta o no, o de si se te da bien o eres un manta. Me refiero por ejemplo al proceso de compartir tu contenido en decenas de redes sociales, construir enlaces entrantes a efectos de SEO, diseñar bonitas infografías para ilustrar tus artículos, programar envíos periódicos a tus listas de e-mail marketing…

Si te paras a pensarlo con papel y bolígrafo en mano, verás que hay un montón de tareas que te consumen cantidades ingentes de tiempo y que realmente te impiden hacer otro tipo de cosas donde realmente tu presencia sí que es crítica.

Insisto en que conviene aprender a hacer la mayoría de estas tareas uno mismo (y la mejor forma de aprender es dejar de leer y empezar a hacer) pero al final la subcontratación es esencial para crecer y escalar tu negocio online.

La subcontratación es necesaria para diversificar tu negocio (por ejemplo replicar algo que te ha funcionado bien en un nicho a otro nicho que no te apasiona tanto pero sabes que es rentable), y – sobre todo –  es fundamental para no quemarte.

Como he explicado aquí varias veces, el marketing online es una carrera de fondo que requiere superhéroes pacientes, tenaces y capaces de perseverar; superhéroes que saben escalar su negocio apoyándose en otras personas cuando sea necesario.

Los superhéroes que triunfan en marketing online – los que llegan a la meta y cumplen los objetivos marcados – son aquellos capaces de sortear los obstáculos que se cruzan en su camino, y no necesariamente los que se empeñan en derribar por su cuenta cada barrera a puñetazo o cabezazo limpio.

Y tú, ¿qué tipo de superhéroe quieres ser?

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