¿Qué se necesita para convertirse en un experto del marketing digital, o de cualquier otra cosa?

Si estás empezando a construir los cimientos de tu negocio en Internet, y es tu primera aproximación al marketing digital, probablemente te parecerá imposible llegar a dominar el arte de captación y monetización de audiencias.

Todo es nuevo – desde evaluar el potencial de tu nicho de mercado, hasta mover 10 píxeles a la izquierda la cabecera de tu página – y parece que cada paso al frente implica dar otros dos o tres atrás. Todo son obstáculos y eso de convertirse en un experto queda muy lejos…

Sin embargo, existe una fórmula mágica – concretamente tres principios bien definidos – para convertirse en experto no sólo del marketing digital sino de prácticamente cualquier otra cosa que te propongas.

¿Quieres ver de qué se trata? Sigue leyendo…


1. Práctica

El primer paso para convertirse en un reconocido experto de cualquier materia es la práctica.

De hecho, en su brillante libro Outliers: The Story of Success (enlace de afiliación), el no menos brillante Malcom Gladwell sostiene que se necesitan aproximadamente 10.000 horas de práctica para convertirse en un maestro de cualquier disciplina. No meramente “ser bueno”, o convertirse en experto, sino destacar por encima de todos los demás.

La conclusión de Gladwell (no exenta de polémica como veremos más adelante) se basa en un concienzudo estudio sobre la vida de personas que han alcanzado la cima en sus respectivas disciplinas.

A principios de los años noventa, por ejemplo, un equipo de psicólogos en Berlín estudiaron la trayectoria de un grupo de extraordinarios violinistas centrándose específicamente en sus hábitos de estudio en la niñez, adolescencia y ya de adultos. Todos los violinistas habían comenzado a tocar el instrumento aproximadamente a los 5 años de edad, y habían practicado una cantidad similar de horas hasta los 8 años, sin embargo a partir de ese momento sus hábitos comenzaron a divergir.

A los 20 años, los violinistas más virtuosos – aquellos que destacaban claramente sobre el resto y los que más éxito habían tenido en su carrera musical (suerte, que dirían algunos) – habían acumulado unas 10.000 horas de práctica mientras que los menos habilidosos incluso dentro de este grupo de virtuosos apenas alcanzaban las 4.000 horas.

Como nota adicional, el estudio no desveló la existencia de ningún genio entre el grupo de violinistas. Ninguno de ellos tenía “un don natural”, ni era un “genio” a pesar de que en la adolescencia ya eran aclamados músicos.

La principal conclusión del estudio – la única relación estadísticamente relevante – fue que a más horas de práctica mayor éxito. No existen los atajos. La suerte en términos generales es irrelevante. No existen las genialidades.

El libro de Gladwell analiza también la supuesta genialidad de los fundadores de Microsoft (Bill Gates y Paul Allen), quienes pasaron miles de horas aprendiendo a programar en el laboratorio informático de su colegio antes de fundar la compañía en 1975, y Los Beatles que tocaron literalmente miles de conciertos en garitos de mala muerte antes de saltar a la fama.

De hecho se estima que entre 1960 (cuando eran una banda de aficionados) y 1964 (cuando saltaron al panorama musical internacional), Los Beatles habían tocado juntos ya en más de 1.200 conciertos; más de lo que tocan la mayoría de grupos musicales en toda su carrera.

La “Teoría de las 10.000 Horas” como se ha venido a conocer este planteamiento, ha sido duramente criticada desde distintos frentes entre los que destaca el periodista deportivo David Epstein.

En su libro The Sports Gene: Inside the Science of Extraordinary Athletic Performance (enlace de afiliación), Epstein mantiene que ciertos deportistas de élite sí disponen de un talento natural que les convierte prácticamente en “genios” y que – por ejemplo – por mucho que un corredor lento practique miles de horas siempre será un corredor lento. Además, Epstein explica que las 10.000 horas de Gladwell son simplemente una media; mientras que una persona con más talento natural puede ser capaz de alcanzar la cima de una disciplina con tan solo 2.000 horas de práctica, otra puede necesitar 18.000 horas de ahí que la media son 10.000 horas.

Independientemente de si te alías con Gladwell o con Epstein en este debate de las 10.000 horas, generalmente en estos casos todo el mundo tiene un poco de razón y parece razonable centrarse en aquello sobre lo que no hay disputa: tus probabilidades de éxito en cualquier disciplina aumentarán cuantas más horas practiques.

De cara a lo que aquí nos interesa – el marketing online – la moraleja está bastante clara: deja de leer y empieza a sumar esas horas de vuelo.

2. Iteración y Aprendizaje

Más allá de “las horas de vuelo”, que sin duda es el factor más importante para convertirse en un experto en cualquier cosa o al menos uno sobre el que tenemos control absoluto, hay varios matices.

El primero de estos matices es la iteración y el aprendizaje.

Si tienes un mal swing, sujetas la raqueta de forma indebida cuando sacas o te pones las botas de snowboard al revés, después de repetir los mismos errores durante 10.000 horas lo más probable es que sigas haciéndolo igual de mal a no ser que en el proceso vayas corrigiendo esos errores.

Es fundamental tener algún tipo de guía durante esas 10.000 (o las que sean) horas de práctica para que la repetición sea provechosa.

No se trata de repetir los mismos errores una y otra vez hasta la saciedad, sino que debemos aprender de ellos y para eso es útil contar con un mentor o alguien que ya haya alcanzado el grado de experto para que nos apoye y nos indique el camino a seguir.

La práctica debe implicar progreso.

Llegar al siguiente nivel. Subir otro escalón. Y para eso existe esta página; OscarFeito.com será tu apoyo para que las horas que inviertas en tu actividad de marketing digital sean verdaderamente eficaces y ayudarte a avanzar en la dirección adecuada.

3. Pasión

¿Sabes lo que distingue a primera vista los expertos que destacan sobre todos los demás? La pasión.

Los que alcanzan la cima en cualquier profesión, actividad o disciplina tienen una cosa en común con respecto a los que meramente “son buenos”; sienten verdadera pasión por lo que hacen. 

Y quizás esa pasión es lo que les permite alcanzar esas 10.000 horas (o las que sea) de práctica en su materia, sin que parezca un trabajo. Sin dejarlo abandonado a medias.

El programador que rompe moldes y desarrolla algo verdaderamente innovador es aquél que pasa el día picando código en el trabajo y cuando llega a su casa sigue programado.

Los médicos o abogados más solicitados son aquellos que viven su trabajo más allá de las horas de oficina; pasan cada rato libre haciendo o pensando en aquello que les apasiona, y eso es lo que les diferencia de sus colegas meramente competentes.

Los fuera de serie – en marketing online o en cualquier otra cosa – son aquellos que dejaron de ver hace tiempo lo que hacen como trabajo y no se imaginan haciendo ninguna otra cosa. No paran de aprender y están continuamente dándole vueltas a cómo pueden hacerlo mejor aún.

Ahí es cuando verdaderamente surge la genialidad; cuando combinas miles de horas de práctica, con un aprendizaje continuo y pasión. Mucha pasión.

Imagen cortesía de Suzuki Violin Lessons.

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