¿Recuerdas lo que querías ser cuando eras pequeño? Probablemente no soñabas con ser un influencer, de hecho seguramente esa palabra todavía no existía.

Como tantos otros niños —exactamente igual que mis hijos ahora— yo soñaba con ser futbolista.

Me acuerdo perfectamente que mis padres me despertaban de madrugada para ver jugar a la selección española en el mundial de México ‘86. Jamás olvidaré la alegría del 5-1 que le endosamos a Dinamarca, y tampoco los litros de lágrimas que derramé cuando Eloy falló ese fatídico penalti y caímos ante Bélgica.

Algunos años más tarde —ya en la adolescencia— soñaba con ser un guitarrista famoso como Slash de Guns N’ Roses, Angus Young de AC/DC o Mark Knopfler (éste último, por cierto, era más del agrado de mis padres). Finalmente, durante mi etapa universitaria en la London School of Economics, soñaba con ser un magnate de la banca de inversión, comprando y vendiendo compañías como hacía Michael Douglas en la película de Wall Street.

Nuestras metas se van transformando con el paso de los años, y generalmente esos sueños —junto con nuestra creatividad— se van apagando a medida que más personas a nuestro alrededor nos aseguran que son inalcanzables: nunca vamos a jugar en primera división. Nunca nos vamos a ir de gira mundial con un famoso grupo de rock. Y con respecto al sueño de las altas finanzas globales, con suerte podrás trabajar en la sucursal bancaria que está debajo de la casa de tus padres (que, por cierto, puede que siga siendo tu casa hasta que cumplas treinta años).

Nuestros sueños, objetivos y ambiciones son un reflejo de lo que entendemos por alcanzar el éxito, y para la mayoría de las personas eso se traduce meramente en poder, prestigio, fama y dinero en mayor o menor medida.

Aunque la realidad vaya poniendo a cada uno en su sitio y con el paso de los años nos vamos conformando con un trabajo relativamente seguro, pasar más o menos desapercibidos y llevar una vida lo más tranquila posible, en el fondo nuestra definición de éxito no cambia; simplemente asumimos que eso del éxito no está diseñado para nosotros, y son otras personas las que están destinadas a triunfar.

¿Pero sabes una cosa?

Más allá de la fama, el dinero y todas esas cosas que pueden llegar como consecuencia del éxito, para mí el éxito verdaderamente consiste en dejar huella, influir de forma significativa (y positiva) en la vida de otras personas, dejar detrás de nosotros algún tipo de legado y, en definitiva, marcar la diferencia.

Eso es ser un influencer, y todo el mundo tiene la capacidad de ser un influencer y marcar la diferencia.

Marcar la diferencia

Da igual si estás casado o si eres soltero. Da igual tu edad, y da igual si tienes hijos. A efectos prácticos, también tu profesión, tus estudios, tu religión y el color de tu piel son factores absolutamente irrelevantes para marcar la diferencia.

Ciertamente algunas personas o personalidades que marcan la diferencia —por ejemplo deportistas de élite, empresarios mundialmente reconocidos, políticos, actores y escritores— tienen más alcance que el común de los mortales, pero el común de los mortales (incluyendo profesores, padres y madres, médicos, amigos o personas con las que interactuamos en nuestro día a día) también tiene el poder de marcar la diferencia.

Cómo Ser Un Influencer

Imagen cortesía de Pixabay

Ralph Waldo Emerson —escritor, filósofo y poeta estadounidense del Siglo XIX— dijo en una ocasión: “Todo hombre es un héroe y un oráculo para alguien y, para esa persona, cualquier cosa que diga tendrá una mayor trascendencia…

¿Acaso no recuerdas cómo se te caía la baba con tus padres, tus abuelos o tus profesores cuando eras pequeño? Ellos eran para ti verdaderos superhéroes de carne y hueso.

Así que cualquiera puede ser un influencer, pero ¿por dónde se empieza?

¿Cómo puedes convertirte en una de esas personas que marcan la diferencia?

El camino lo podemos encontrar —de entre todos los lugares del mundo— en la cripta de la Abadía de Westminster. Concretamente, en una misteriosa inscripción tallada sobre la lápida de un obispo anglicano que dice así:

“Cuando era joven y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo.

Según me fui haciendo mayor y adquiriendo sabiduría, descubrí que el mundo no cambiaría.

Así que me propuse un objetivo más modesto e intenté cambiar mi país.

Pero mi país tampoco quería cambiar.

Cuando se aproximaba el final de mi vida, me conformé con intentar cambiar a mi familia.

Pero las persona más cercanas a mí tampoco querían saber nada.

Ahora, en mi lecho de muerte, de repente he comprendido una cosa.

Si hubiera comenzado por mí mismo, tal vez mi familia habría seguido mi ejemplo.

Con su inspiración y aliento, quizás juntos hubiéramos podido cambiar el país.

Y entonces, quién sabe, tal vez hubiera podido cambiar el mundo.”

¿Bonito, verdad? Si quieres ser un influencer, comienza siéndolo contigo mismo.

La gente que marca la diferencia —esas personas que tienen el poder de inspirar y dinamizar el cambio en los demás— empiezan por ellos mismos.

Si tú también quieres marcar la diferencia —si tú también deseas alcanzar el éxito, ser una brújula que indica el Norte a otras personas e impactar la vida de los demás, aunque no seas famoso, ni poderoso ni millonario— empieza por ti mismo.

A continuación tienes cinco cualidades que comparten prácticamente todas las personas que marcan la diferencia.

Ser influencer es trabajar duro

A todo el mundo le resulta evidente que un futbolista de talla mundial como Cristiano Ronaldo o Leo Messi, empresarios de éxito como Amancio Ortega o Bill Gates, o un famoso actor de Hollywood, no está donde está por un mero golpe de suerte.

Es evidente que el azar juega un papel fundamental en la vida, pero soy de la opinión que el trabajo duro juego un papel aún mayor que la suerte. Además, no podemos controlar nuestra suerte, pero sí podemos decidir la intensidad con la que trabajamos. Eso sí que está completamente en nuestras manos.

Siempre me ha llamado la atención esta frase del actor Will Smith:

“La principal diferencia entre tú y yo es que yo no tengo miedo a morir en una cinta de correr. Es posible que tú tengas más talento, más preparación y que seas más inteligente que que yo. Pero si ambos nos ponemos a correr juntos en una cinta, sólo hay dos opciones: o tú te bajas primero, o yo muero.”

Es así de simple.

Trabaja Duro Para Ser Influencer

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Si no estás dispuesto a hincar los codos, remangarte y rebozarte por el fango, la probabilidad de que marques la diferencia y tengas un impacto significativo en la vida de los demás es limitada (independientemente de si lo que pretendes es construir un negocio en Internet, crear un blog de éxito, educar a tus hijos, cuidar a tus padres o triunfar en tu trabajo).

Me temo que no hay atajos para ser un influencer.

Tenacidad y perseverancia para ser influencer

Un influencer no marca la diferencia ni tiene un impacto duradero en la vida de los demás trabajando intensamente durante un ratito.

Si trabajas un ratito, los resultados de ese trabajo durarán un ratito.

Tengo grabada en la mente la imagen de un minero que lleva años cavando túneles bajo tierra en busca de un veta de oro. Y también la imagen de un viejo bucanero que lleva años agujereando una isla caribeña —que está ya como un queso Gruyer— en busca del elusivo tesoro.

Cada una de esas historias tiene dos posibles finales bien distintos: la rendición (frecuentemente muy cerca del objetivo) y la perseverancia.

Es duro, porque realmente nadie te garantiza que la perseverancia te conducirá al éxito.

Quizás esa veta de oro que buscaba el minero no existe, quizás ese tesoro que buscaba el pirata estaba escondido en otras isla. Pero lo que sí te garantizo es que sin perseverancia no habrá éxito.

La perseverancia suple cualquier cosa, incluyendo la falta de talento. Entre otras cosas, porque las personas que perseveran adquieren el talento necesario.

Un Influencer Persevera

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Tú eliges: la comodidad con la certeza de que no alcanzarás tus sueños, o la incomodidad con la posibilidad —quizás remota, pero desde luego no la garantía— de conseguirlo.

El influencer entiende las relaciones humanas

Realmente, esto del marketing online y los negocios digitales va de personas. No hay más secreto.

Si comprendes esto —si entiendes e interiorizas que la base de cualquier negocio dentro o fuera de Internet es ayudar a otras personas, por muy cursi que suene— todas las piezas van a encajar en su lugar y nunca estarás perdido.

Más allá de las técnicas concretas de marketing online, los canales, las tácticas o las relucientes herramientas que utilices para trasladar tu propuesta de valor a tu Audiencia, la clave de todo son esas personas que se enfrentan a un problema, reto o frustración.

El número de suscriptores que tengas, las páginas vistas, el tráfico, tu actividad en las redes sociales o el número de “keywords” que tengas posicionadas en las primeras posiciones de Google sólo reflejan tu habilidad para conectar con personas y transmitir emoción.

Antes de pensar en ganar dinero por Internet —por ejemplo tus infoproductos o el marketing de afiliados— hay que pensar en las personas de carne y hueso que componen tu Audiencia.

Ser Influencer Es Entender A Las Personas

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Cuando tienes una Audiencia fiel y comprometida, los ingresos vienen prácticamente sólos y surgen oportunidades imprevistas. Tu público objetivo está compuesto por personas que tienen un reto, un deseo o una frustración real, y tú puedes ayudarles a resolverlo.

Las personas que marcan la diferencia —los verdaderos influencers— viven por y para esas personas. Si empatizas con ellos y les ayudas a resolver esos problemas, te abrirán un hueco en su vida.

El influencer tiene integridad

No es la primera vez que te hablo de la enorme importancia que tienen los valores humanos como la honradez y la empatía (el infravalorado arte de pensar en los demás) en esto del marketing online y los negocios digitales.

Como te decía antes, la piedra angular de cualquier negocio dentro o fuera de Internet consiste en aportar valor a un grupo concreto de personas —tu público objetivo— y establecer una relación de confianza con ellos.

Hoy en día no es suficiente meramente con “estar en Internet” y esperar que los Clientes vayan llegando en busca del producto o servicio que estás vendiendo. Las cosas ya no funcionan así, hay que buscar Usuarios y convertirles en Clientes, no ir directamente en busca de Clientes.

En la era del marketing de contenidos donde los Usuarios son cada vez más sofisticados, la relación con tus potenciales Clientes debe comenzar por aportar valor. Sólo así —sólo si demuestras a esos Usuarios que eres capaz ayudarles a conseguir algo a través de tus contenidos— te ganarás su confianza. Sin esa confianza, la monetización se vuelve harto complicada.

Los influencers que marcan la diferencia son honestas, sinceras e íntegras con su Audiencia y con sus Clientes, porque sin integridad no se forja esa confianza.

Influencer Integridad

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Pero las personas que marcan la diferencia también son honradas, sinceras e íntegras con sus colaboradores, empleados, proveedores y —en definitiva— con todo aquél que se cruza en su camino.

Pero sobre todo, las personas que marcan la diferencia —los verdaderos influencersson sinceros consigo mismos. Porque puedes alcanzar la fama, tocar el poder y amasar todo el dinero del mundo, pero si tu conciencia no te deja dormir tranquilo por los noches, no merece la pena.

No se trata de vender productos, servicios, herramientas y soluciones que —en realidad— no sólo no aportan nada a tu Audiencia, sino que crean falsas expectativas y se aprovechan de la debilidad natural de las personas. Tu misión no es comunicar aquello que tu Audiencia quiere oír, sino comunicar la verdad.

Para eso tienes que tener un firme propósito para hacer lo que haces, tienes que creer en tu propuesta de valor y tienes que creer en ti mismo.

Hay un refrán español que dice: “antes se atrapa a un cojo que a un mentiroso”. Tu afán por ayudar a tu Audiencia debe preceder tu afán por consolidar un negocio rentable, porque sólo si consigues lo primero, tendrás alguna opción de conseguir lo segundo.

Actitud resolutiva

Los verdaderos influenciadores —las personas que marcan la diferencia, ya sea a gran escala o en su entorno más cercano— se caracterizan por tener una actitud positiva y resolutiva.

La vida tiene la fea costumbre de interponerse en nuestro camino cuando menos lo esperamos. Las complicaciones, las trabas y los obstáculos entorpecen nuestra vida personal y profesional día tras día y, aunque no podemos hacer nada para evitarlo, sí podemos decidir cómo vamos a reaccionar.

Como sabes, llevo ya cerca de 17 años construyendo negocios en Internet, y durante este tiempo —que, por cierto, se me ha pasado como un rayo— he tenido la oportunidad de ayudar y colaborar con miles de emprendedores.

He visto cómo la frustración por acontecimientos aleatorios y problemas imprevistos han llevado a más de uno a la ruina, entre quejas y lamentos. Y todo por una reacción inadecuada, no por los problemas en sí.

Los problemas inesperados y las dificultades imprevistas nos afectan a todos cuando menos lo esperamos y —generalmente— en el peor momento posible. Por eso se llaman “imprevistos” e “inesperados”. No te creas que eres el único, el Universo no está conspirando contra ti, nos pasa a todos.

No podemos evitar que sucedan esos molestos contratiempos en nuestro negocio e incluso en nuestra vida, pero sí podemos dirigir nuestra energía en solucionar el problema o mitigar sus consecuencias en lugar de dejarnos llevar por la queja, la ira y el lamento que no conduce a ninguna parte.

Lo sé, más fácil dicho que hecho.

Es tentador protestar sistemáticamente ante cualquier problema en lugar de resolutivamente buscar un remedio y hacer un esfuerzo por ver el lado positivo de las cosas. Pero hay que empezar por alguna parte, y el primer paso para modificar un determinado hábito o comportamiento es identificarlo para posteriormente destruirlo.

Conclusión

Y ahí lo tienes, querido Lector.

¿Qué significa realmente el éxito para ti, y qué lugar ocupa marcar la diferencia, influir positivamente y ser un punto de referencia para otras personas?

¿Qué significa en realidad eso de ser un “influencer”?

En realidad, cualquiera puede hacerlo. Todos y cada uno de nosotros podemos ser un influencer y provocar el cambio en las personas de nuestro propio entorno.

Pero para ser un catalizador del cambio, primero debemos cambiarnos a nosotros mismos.

Y con estos cinco consejos que hemos visto, no irás mal encaminado.

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