El archifamoso discurso de Steve Jobs ante los alumnos de la Universidad de Stanford no es famoso por casualidad.

Qué va.

De hecho, creo que el vídeo del célebre Commencement Speech tendría que ser materia obligada no sólo para emprendedores y profesionales del marketing digital, sino para cualquier persona que tenga algún tipo de inquietud, aspiración o deseo de hacer algo relevante en su vida.

Si todavía no has visto el vídeo, por favor hazlo. Lo tienes aquí, subtitulado en español y todo.

No te preocupes, esperaré a que termines.

¿Listo? Perfecto.

En su discurso, Steve Jobs comparte tres historias sobre su vida y la primera de ellas tiene que ver con las consecuencias (frecuentemente imprevistas e inesperadas) de nuestras acciones.

Y de eso, precisamente, es de lo que te voy a hablar hoy.

Nada más comenzar su charla, el mítico fundador de Apple Computer explica que realmente fue a la universidad por accidente.

O, mejor dicho, fue a la universidad porque sus padres adoptivos le habían prometido a su madre biológica que (a diferencia de ellos) Steve sí recibiría una educación superior.

Apenas seis meses después de comenzar el curso, abandonó.

La Universidad no era para él.

Conectar Los Puntos

Las clases eran aburridas, Jobs no le encontraba absolutamente ningún sentido práctico, y no tenía ni idea de cómo la educación universitaria le iba a ayudar en el mundo real. Por si fueran pocos motivos para abandonar, su formación estaba agotando rápidamente los ahorros de su familia adoptiva.

Cancelada su matrícula – y ya sin ninguna posibilidad de obtener el codiciado título académico – la universidad le permitió a Jobs deambular de clase en clase a ver si sonaba la flauta y encontraba algo que le interesara.

Así que nuestro protagonista dedicó los siguientes 18 meses de su vida a saciar su curiosidad asistiendo a clases sobre los temas más variopintos, aunque a primera vista no tuvieran ninguna utilidad práctica.

Uno de esos “temas aleatorios” resultó ser la caligrafía; el arte de la escritura.

A la postre – y contra todo pronóstico – esa decisión no sólo cambió su vida, sino que fue el germen de la revolución informática; una revolución que literalmente transformó el mundo.

Resulta que en esas clases de caligrafía aparentemente inútiles y sin ningún tipo de aplicación práctica, Steve Jobs aprendió todo lo habido y por haber sobre la tipografía y las fuentes.

Aprendió cómo combinar distintas fuentes entre sí, el espacio óptimo entre caracteres y cómo utilizar la tipografía para crear diseños limpios, vistosos y minimalistas.

Si has utilizado alguna vez Photoshop o cualquier otro tipo de programa similar para combinar textos e imágenes, sabrás sobradamente que no es una tarea sencilla.

Cómo Conectar Los Puntos

Manual de tipografía cortesía de Canva

A todos nos pasa. Es fácil conectar los puntos y evaluar las consecuencias de nuestras acciones mirando hacia atrás.Contra todo pronóstico, diez años más tarde esos conocimientos jugaron un papel fundamental en el desarrollo del primer Mac y todavía hoy – tres décadas más tarde – el diseño y la tipografía son señas distintivas de una de las marcas tecnológicas más valiosas del mundo.

No sé si lo sabes (creo que lo he comentado alguna vez aquí en el podcast), pero yo estudié ciencias económicas en la London School of Economics y creía firmemente que estaba destinado a ser banquero 🙂

De hecho, mi carrera profesional comenzó en la banca de inversión. Concretamente en el equipo de Equity Capital Markets de Deutsche Bank en la City londinense.

Jamás se me pasó por la cabeza estudiar nada remotamente relacionado con la informática, y ni siquiera sabía lo que era Internet hasta que lo tuve que utilizar – prácticamente obligado – en ese primer trabajo.

Me topé con los negocios en Internet por pura casualidad. Si nos ponemos en plan poético, podríamos decir perfectamente que fue Internet quien me encontró a mí y no al revés.

En el banco hacíamos transacciones de renta variable para todo tipo de empresas en multitud de sectores (desde la energía hasta la cerámica, pasando por todo lo demás), y casualmente a mí me tocó trabajar en algunas de las primeras operaciones de este estilo para negocios digitales.

Así es como entré en contacto con los negocios digitales. Quizás no tiene mucho glamour, pero a la postre cambiaría mi vida y me permitiría ayudar a miles de personas en todo el mundo a construir sus propios negocios rentables en Internet a través de programas de formación como el Método ÉPICO.

Ese contacto 100% casual, random y aleatorio con los negocios digitales me llevó más tarde a Terra Networks (un gigante digital por aquella época), y posteriormente a crear mi primera “startup” tecnológica en Internet.

Y todos esos pasos llevaron a La Academia de Marketing Online que puedes leer o escuchar hoy.

¿Sabes otra cosa?

Los analistas “junior” del banco solíamos quejarnos porque básicamente nos pasábamos el día (y buena parte de la noche) haciendo presentaciones en Powerpoint para Clientes, y frecuentemente nuestros jefes ni siquiera nos permitían asistir a las reuniones.

Frecuentemente la elaboración de estas presentaciones se prolongaba durante días (y sus correspondientes noches), e inevitablemente más de una vez tocaba dormir en la oficina.

Cualquiera que haya trabajado en consultoría o banca de inversión – o conoce a alguien que lo haya hecho – sabe perfectamente a lo que me refiero.

Nunca le vi el sentido práctico a esto, pero lo hacía de todas formas con ilusión y compromiso porque era lo que tocaba hacer en aquél momento.

Hoy por hoy puedo decir que uno de mis activos más valiosos – probablemente una de mis principales virtudes como emprendedor y uno de los pilares de La Academia de Marketing Online – es todo lo que aprendí en el banco sobre la comunicación y presentación de ideas de forma convincente.

De hecho mi negocio actualmente se basa en la comunicación y la presentación de ideas. Justamente lo que aprendí – contra todo pronóstico – en banca de inversión.

Conectando Los Puntos Para Emprender

La comunicación: una inesperada pasión

Y la cosa no termina allí.Es fácil conectar los puntos mirando hacia atrás, pero te aseguro que en aquel momento jamás pensé que todas esas noches en vela diseñando presentaciones me serviría de algo.

Cuando creamos Shopall (una innovadora empresa de publicidad contextual que posteriormente fue adquirida por el Grupo Antevenio), yo tenía cero conocimientos de marketing.

De hecho (y que conste que me da un poco de vergüenza confesar esto) odiaba el marketing.

No lo entendía así que pensaba que era una auténtica chorrada, y que sólo estudiaban marketing las personas que no valían para nada más.

Fíjate lo que son las cosas.

De entre los tres fundadores de Shopall, originalmente yo era el socio “financiero” debido a mi perfil profesional.

Hasta que un buen día me invitaron a dar una conferencia sobre marketing digital en la Universidad de Salamanca, fui a regañadientes, y descubrí que mi verdadera vocación es la formación.

No lo hacía muy bien, me daba mucha vergüenza hablar en público, pero fui cogiendo práctica y me enamoré tanto de la enseñanza como del marketing.

¿Quién lo hubiera dicho? Una vez más, es fácil conectar los puntos mirando hacia atrás aunque en el momento no tenga demasiado sentido ni veamos la utilidad.

He compartido contigo tan sólo un par de ejemplos, pero hay muchos más. Probablemente miles.

Nuestra vida – la tuya y la mía – es un viaje repleto de decisiones y consecuencias.

Cada acción (y cada omisión) tiene su correspondiente resultado.

Sabemos que todo lo que hacemos hoy tendrá un impacto en lo que seremos mañana, pero no sabemos cómo ni de qué forma.

Es imposible saber de antemano cómo van a caer las fichas.

Es fácil unir los puntos mirando hacia atrás – trazar ese hilo conductor que conecta cada una de nuestras decisiones con sus correspondientes consecuencias – pero es imposible hacerlo mirando hacia adelante.

Llámalo intuición, serendipia, destino o Karma. Llámalo como quieras, pero te sugiero hacer el mejor uso posible de tu tiempo ahora.

De hecho, es lo único que puedes hacer.

Te sugiero hacer las cosas con ilusión, integridad y compromiso. Sea lo que sea que estás haciendo.

Y te sugiero confiar que de alguna forma los puntos se conectarán, aunque todavía no sepas cómo ni de qué manera.

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