Nuestro querido Internet está repleto de encantadores de serpientes.

Autoproclamados “gurús” y pseudo-expertos – encantados de haberse conocido – que contra todo pronóstico han ido saltando de organización en organización, aparentando saber algo cuando en realidad saben más bien poco.

Es fácil detectar a estos magos de la manipulación porque su discurso suele estar plagado de terminología muy técnica, expresada con la confianza y naturalidad del que sabe lo que dice aunque la realidad sea bien distinta (por cierto, en este diccionario de marketing digital encontrarás la terminología que te vendrá bien conocer).

Las palabrejas empleadas por estos vende-motos digitales van por modas (conviene cambiar de término predilecto antes de que alguien se percate de que intelectualmente van en cueros), y parece que últimamente La Ley de Pareto o El Principio Pareto está de moda en el contexto del marketing digital.

Lamentablemente, la ley de Pareto no siempre funciona; y desde luego rara vez se puede aplicar como te indicarán muchos directores espirituales del marketing digital.

Vamos a ver la realidad; lo bueno, lo feo y lo malo de la ley Pareto desde el punto de vista de tu negocio en Internet.

Empecemos por el principio.

La ley de Pareto – también conocida como la regla del 80/20 – toma su nombre del Vilfredo Pareto; sociólogo, economista y filósofo italiano nacido en París a mediados del Siglo XIX.

Cuando La Ley De Pareto No Funciona

En su formulación más empírica Pareto observó que el 20% de los terratenientes italianos de la época acumulaban el 80% de las tierras, mientras que el 80% restante apenas poseía el 20%.

La sociedad – por tanto – se dividía naturalmente entre los “pocos de mucho” y los “muchos de poco”, y así la ley de Pareto comenzó a aplicarse en los ámbitos de la política, la economía y – más recientemente – el marketing digital y los negocios en línea.

Algunas conclusiones frecuentemente atribuidas a la ley de Pareto, pero que en la realidad no siempre se cumplen:

  • El 20% de los artículos de tu blog generan el 80% del tráfico
  • El 20% de tus Usuarios aportan el 80% de los comentarios
  • El 20% de tus módulos publicitarios generan el 80% de tus ingresos
  • El 20% de tu tiempo genera el 80% de tus resultados

En este sentido, frecuentemente leerás o escucharás que “según la ley de Pareto” debes identificar y centrar tus esfuerzos en ese 20% que genera el 80% de los resultados, ya que marginalmente es mucho más eficaz que seguir dedicando el 80% de tus recursos a esas otras cosas que solamente te generan un 20%.

Y aquí es donde discrepo con los “gurús” a quienes aludíamos al comienzo de este artículo.

Para empezar, las proporciones del principio Pareto (80-20) son arbitrarias.

Es cierto que frecuentemente las cifras reales se aproximan bastante, pero pueden variar. Es decir, en algunos casos realmente el principio de Pareto puede ser 33,3-33,3-33,3. O 70-30. O 90-10.

Las cifras son arbitrarias, no son exactas y pueden variar. Es decir, en el mundo real el principio Pareto no es una “ley inamovible” como que el sol sale por las mañanas.

En segundo lugar, la ley de Pareto debe aplicarse con mucha prudencia en marketing digital porque si la tomamos al pie de la letra puede ser una barrera importante para el crecimiento y la innovación.

Vamos a ver por qué con un ejemplo práctico.

Imagínate que tu blog tiene seis meses de vida y decides compartir tus publicaciones en cinco redes sociales distintas para generar más tráfico (por ejemplo Twitter, Facebook, Pinterest, Instagram y Vine).

Según la ley de Pareto, muchos pseudo-expertos te dirán:

(1.) Que una de estas redes sociales generará el 80% de tu tráfico.

(2.) Que por ende deberías dedicar el 80% de tu tiempo a esta red para ser ultra-eficiente y un “growth-hacker” en toda regla (otra de sus palabras favoritas).

¡Falso!

El hecho de que una red social te genere más tráfico que las demás puede no tener nada que ver con el bueno de Pareto, sino con el simple hecho de que se te da mejor.

O que no has dedicado suficiente tiempo a las demás redes sociales. O que empezaste antes con esa red. O que casualmente un “influencer” en esa red ha amplificado alguno de tus mensajes, permitiéndote generar más visitas.

Paradójicamente, en este supuesto, si decides volcar el 80% de tus recursos en esta red social (prácticamente abandonando las otras cuatro) nunca sabrás el tráfico real que podrías estar dejando de ganar.

Ahora, imagínate que tu blog ya tiene algo más de solera…

Has seguido mis consejos, has puesto en práctica las sugerencias de ÉPICO y el tráfico ya no es un problema.

Tu blog recibe miles de visitas cada día, y estás generando ingresos a través de tres canales principales: Google AdSense, un programa de afiliación y un patrocinio directo.

En primer lugar, ¿cómo aplicamos o interpretamos la ley de Pareto? Hay varias posibilidades:

  • El 20% de tus acuerdos publicitarios (que en este caso no da un número redondo sino 0,6) genera el 80% de tus ingresos.
  • El 20% de los píxeles de tu página generan el 80% de tus ingresos.
  • El 20% de los espacios publicitarios en tu página generan el 80% de los ingresos.
  • El 20% del tiempo que dedicas a monetizar tu página genera el 80% de los resultados.

Hmmm. No está del todo claro, ¿verdad?

Lo que sí está claro – bajo mi punto de vista – es que según la ley Pareto el mundo termina con estos tres acuerdos publicitarios y el reto consiste meramente en redistribuir tu tiempo o la adjudicación de espacios publicitarios en tu página para fortalecer ese acuerdo que genera el 80% de los ingresos (asumiendo que exista, claro).

Pero según la ley de Pareto, ¿cuándo debemos explorar nuevas oportunidades?

¿Qué ocurre si esas nuevas oportunidades tardan tiempo en materializarse y de inicio requieran una dedicación de tiempo proporcionalmente muy superior hasta que los resultados empiecen a llegar?

Según Pareto – o más bien según la interpretación convencional de la ley Pareto – la regla del 80-20 sirve para indicarnos cómo y dónde debemos centrar nuestros esfuerzos. Pero como hemos visto, no necesariamente es así porque frecuentemente las iniciativas tardan en dar sus frutos y es normal (no una muestra de ineficacia) que debamos dedicar más recursos hasta que las cosas vayan tirando…

En conclusión: Una mentira repetida mil veces no siempre se convierte en verdad. Ni siquiera en el mundo del marketing online.

Aprende a afinar tu ojo crítico, analiza las cosas por tu cuenta ¡y ten mucho cuidado con las frases de moda!

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