Ha transcurrido una semana desde la inesperada victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas. Si estás leyendo esto ahora mismo, tenemos a Donald Trump presidente y, probablemente, el mundo sigue en pie.

A pesar de que las encuestas venían anticipando un resultado electoral muy apretado desde hacía ya varios meses, la victoria final de Trump ha sumido a medio mundo en una burbuja de absoluta incredulidad y estupor.

Millones de personas aseguran sentir una extraña sensación de irrealidad, como si todo esto fuera un sueño o el producto de una imaginación demasiado activa.

Pero estás en La Academia de Marketing Online —no en la CNN ni en el New York Times— y somos emprendedores, no analistas políticos.

Por respeto a mi Audiencia, en este artículo no voy a valorar la victoria de Donald Trump desde el punto de vista político. Quizás en otro momento, y en otro lugar. Pero no es mi especialidad, ni la razón por la que estás aquí.

Mi misión es ayudarte a construir y consolidar un negocio de éxito en la red, independientemente de si tienes simpatías Demócratas o Republicanas. No seré yo el que juzgue las tendencias políticas de mi Audiencia, ni tengo una bola de cristal para elucubrar las consecuencias de elegir a Trump como cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos.

Pero ya sabes que aquí en La Academia de Marketing Online —tanto este blog que estás leyendo como el podcast que puedes escuchar gratis aquí en iTunes o en iVoox— lo que sí hacemos es extraer lecciones prácticas de nuestra vida cotidiana; enseñanzas que podemos aplicar a nuestra actividad de marketing digital y a los negocios en general.

Así que lo que sí voy a hacer (con mucho gusto), es compartir contigo una serie de reflexiones personales acerca de la victoria electoral de Donald Trump, y concretamente qué lecciones empresariales podemos extraer.

Donald Trump Presidente

Imagen original cortesía de TIME

Te van a odiar

Es absolutamente incuestionable que la campaña electoral que acabamos de padecer ha sido una de las más tensas que se recuerdan en la historia reciente de los Estados Unidos.

Sin embargo, la tensión, la agresividad e incluso la violencia, no son ingredientes nuevos en los procesos electorales de norteamericana. Una nación que, por cierto, se fundó hace apenas 240 años.

En 1804, por ejemplo, Aaron Burr (vicepresidente y aspirante a la Casa Blanca) asesinó a su adversario político Alexander Hamilton quien había sido ministro de finanzas de George Washington, en un duelo al alba. Como en las películas de cowboys.

Tampoco conviene olvidar que un factor decisivo en el estallido de la guerra civil americana (una contienda que dejó cerca de 750.000 muertos) fue la negativa de los estados sureños a la hora de aceptar los resultados electorales de 1860.

Es evidente que los tiempos cambian, y en los procesos electorales actuales quizás no se producen duelos al alba como los de antes. Pero sí se vuelca una ingente cantidad de odio y violencia dialéctica en las redes sociales.

En un mundo ultra conectado —al amparo del anonimato y la dificultad práctica de responsabilizar a cada persona de sus palabras— la basura vuela libre de un lado para otro, y tanto los seguidores como los detractores de Donald Trump han arrojado y recibido toneladas.

Pero la crítica feroz que hemos presenciado durante la campaña electoral no es monopolio exclusivo de los políticos. Artistas, cantantes, deportistas (que se lo pregunten a Iker Casillas) y —cómo no— emprendedores y marcas personales, están más expuestos que nunca a la crítica.

Para construir un negocio en Internet —un blog, un podcast, un canal de YouTube, una marca personal o lo que sea— te tienes que exponer, exactamente igual que se han expuesto los candidatos Clinton y Trump en el reciente choque electoral.

Y en el momento en el que pierdes el anonimato, te van a criticar. Hagas lo que hagas, tendrás detractores. Te van a vilipendiar, te van a reprobar, van a cuestionar tus intenciones y te van a reprender. Algunos, incluso, te van a odiar (que ya son palabras mayores).

Donald Trump Presidente Lecciones

Imagen cortesía de Pexels

La única forma de evitar las críticas es pasando desapercibido, lo cual generalmente no es compatible con construir un negocio sostenible en Internet (hagas lo que hagas, necesitas una Audiencia y eso implica exponerse a la crítica).

Puedes hacerlo todo bien, puedes tener las mejores intenciones del mundo, puedes volcarte con tu Audiencia y puedes vivir por y para ella… Pero te van a criticar. No es una probabilidad, es una absoluta certeza y te lo digo porque lo he vivido.

Espero que no te critiquen con la virulencia que hemos visto en la reciente campaña electoral norteamericana, pero es mejor que te vayas preparando. Puede salpicar por todas partes, cuando menos te lo esperes. No digas que no te avisé.

Por alguna razón, cuando vi el discurso de aceptación de Donald Trump en la madrugada del pasado miércoles, no pude evitar pensar en su hijo pequeño. De la misma forma que he pensado en las hijas de Barack Obama o en las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero que también fueron el epicentro de memes, chistes y burlas.

Los hijos no son responsables de los errores de sus padres (aunque sus padres no sean santos de nuestra devoción), pero sólo es una muestra más del caldo de cultivo que uno puede encontrar en Internet.

A nadie le gusta que le critiquen —apuesto que Hillary Clinton, Donald Trump y sus respectivas familias no lo valoran positivamente— pero esto de construir negocios es una carrera de fondo, así que si quieres tener éxito a largo plazo (y no perder la cabeza por el camino) no puedes permitirte el lujo de ofenderte con facilidad.

Primera lección: la crítica es inevitable, tanto en una carrera presidencial como en una carrera empresarial, pero ofenderte o hundirte por ello está en tu mano.

Tú te has marcado una ruta —un camino que conduce hacia el éxito — y tienes que seguirlo hasta el final. Destila la esencia de la crítica, aprende de ello (si hay algo que aprender, que no siempre es el caso), y sigue caminando.

Hasta el rabo, todo es toro

A pesar de que las encuestas, técnicamente, estaban muy ajustadas en la recta final de la campaña electoral, prácticamente nadie anticipó que al final Donald Trump se llevaría el gato al agua. Nadie veía a Donald Trump presidente.

Y digo “prácticamente”, porque el no menos polémico cineasta Michael Moore sí lo hizo en este artículo publicado casi 6 meses antes de la cita electoral y los guionistas de Los Simpsons también lo hicieron en este episodio emitido en marzo de 2000.

De hecho, el New York Times entonó un sentido “Mea Culpa” en este editorial intentando explicar por qué no habían sido capaces de predecir la victoria de Trump y poniendo en tela de juicio el periodismo moderno. Pero fue de los pocos que lo hicieron, porque lamentablemente la mayoría de los medios de comunicación centraron sus esfuerzos en analizar hipotéticas consecuencias de la victoria de Trump, pasando de puntillas sobre su manifiesta incapacidad para detectar las causas con antelación.

Los datos estaban allí —cualquiera podía verlos— pero la inmensa mayoría de los comentaristas políticos optaron por ignorar los datos y basar sus predicciones en sentimientos y conceptos subjetivos como la moralidad, la decencia del pueblo americano, la lógica o la razón.

Ignoraron un caldo de cultivo que arrastraba muchas más cosas.

Los emprendedores podemos extraer varias lecciones de todo esto:

1.) Primero, la importancia de interpretar los datos y las métricas de nuestro negocio de la forma más objetiva y menos emocional posible.

2.) Segundo, la importancia de empatizar con tu público objetivo. Lo digo una y otra vez, es la esencia de El Método ÉPICO, de Podcasting Power y es un ingrediente absolutamente crítico para construir cualquier negocio dentro o fuera de Internet: si no conoces a tu público objetivo, si no te metes en su vida, si no haces un esfuerzo por conocer sus problemas, retos y frustraciones reales, no podrás aportar valor y por definición te costará construir tu Audiencia. Y sin Audiencia, no hay negocio.

3.) La tercera lección de todo esto es que, como reza el popular refrán español, hasta el rabo todo es toro. La cosa no termina hasta que no termina. El partido no finaliza hasta que el árbitro no ha pitado. Utiliza el símil que más te guste, pero creo que sabes lo que te quiero decir. Las encuestas no determinan el presidente, el presidente sale del recuento final en las urnas. La complacencia no suele ser buena compañera, ni en política ni en los negocios.

Hasta el rabo, todo es toro. Imagen cortesía de Pexels.

Hasta el rabo, todo es toro. Imagen cortesía de Pexels

Pequeñas victorias: el efecto bola de nieve

Una de mis palabras favoritas en el vocabulario inglés es momentum.

Lo podemos traducir como impulso, ímpetu o —mejor todavía— inercia.

Donald Trump lo tenía absolutamente todo en contra. De hecho, su candidatura era como una especie de chiste. Hasta que empezó a coger inercia. Y entonces, ya era imparable.

Empezó sin apoyo de nadie.

Sin grupos de interés, sin lobbies estratégicos que le apoyaran, sin experiencia política, sin la bendición de grandes grupos de comunicación, con ambos partidos mayoritarios en su contra (incluyendo su propio partido, que ni siquiera quería aceptar su nominación) y con toda la maquinaria política de Washington D.C. —eso que llaman el establishment— ferozmente en contra.

Sin contar con los escándalos que fueron surgiendo durante la campaña a raíz de sus acciones y declaraciones.

Pero empezó a anotarse pequeñas victorias. Los adversarios se fueron retirando, ganó la nominación del partido republicano, fue reduciendo la diferencia en las encuestas, una cosa llevó a la otra… Y Donald Trump llegó a la Casa Blanca.

Ninguna de estas pequeñas victorias era decisiva por sí misma, pero cuando se fueron encadenando una detrás de otra, fue cogiendo inercia. Como si fuera una pequeña bola de nieve que cae por la ladera, pero a medida que va rodando y rodando va creciendo, y creciendo hasta que es capaz de arrasar cualquier cosa que se cruce en su camino. Y esa bola de nieve terminó en Donald Trump presidente.

Ese es el impacto de la inercia, y en los negocios sucede exactamente lo mismo. Pequeños pasos, uno detrás de otro, sin prisa pero sin pausa. Pequeños pasos que por sí mismos no significan nada —un primer vídeo en YouTube, el primer episodio de un podcast, comprar un dominio y empezar a construir un blog— pero que son necesarios para echar a andar.

De hecho, precisamente la suma de todas estas pequeñas victorias es lo que nos permitirá ganar la batalla del marketing online (que, no olvidemos, es una carrera de fondo).

El secreto para lograr estos pequeños hitos es crear nuevos hábitos cada día. Fíjate que aquí lo importante NO es fijarse grandes metas (más bien todo lo contrario), sino programar pequeñas metas relacionadas con nuestro negocio en nuestra rutina diaria y —sobre todo— cumplirlas con regularidad.

No quieras hacerlo todo en un día. No te engañes con expectativas irrealizables. Simplemente haz acto de presencia, pero hazlo todos los días.

Just show up.

La suma de todas estas pequeñas victorias —el simple hecho de hacer acto de presencia cada día— te permitirá conseguir lo que quieras. Ya has visto hasta dónde ha llevado la inercia a Trump.

Identifica y céntrate en lo esencial

Anda, échale un vistazo a esto, a ver qué es lo primero que ves:

Es un mapa electoral que refleja los resultados de las elecciones presidenciales de 2012, condado por condado. Esas elecciones las ganó Barack Obama.

Lo curioso del mapa es que el color azul corresponde a los condados ganados por el partido Demócrata (la candidatura de Obama) mientras que el color rojo corresponde a los estados ganados por el partido Republicano (encabezado por el candidato Mitt Romney).

Viendo el mapa, cualquiera diría que los azules corresponden a un partido completamente marginal. Pues resulta que a pesar de que los republicanos ganaron en muchos más condados, los demócratas no sólo sumaron casi 5 millones de votos más, sino que ganaron en los estados clave.

Ganaron donde había que ganar, y se centraron en lo esencial. Exactamente igual que Donald Trump en estas elecciones presidenciales. Una especie de versión de la Ley de Pareto donde determinados estados aportan al resultado final mucho más que otros. Tenemos a Donald Trump presidente porque ganó en los condados con mayor densidad de población, y por tanto más votos electorales.

Una de las claves de la victoria de Trump fue que se impuso en varios enclaves críticos —también conocidos como swing states o estados bisagra, precisamente porque pueden decantar la elección de uno u otro lado— incluyendo Florida, Iowa, Pennsylvania, Ohio y Carolina del Norte.

A pesar de concluir el recuento con menos votos (recordemos que Hillary Clinton ganó el voto popular) Trump consiguió más votos electorales, precisamente porque venció en aquellos estados en disputa o estados tradicionalmente Demócratas que tenían proporcionalmente más valor a efectos de elegir el próximo presidente.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el marketing online y los negocios en Internet?

Pues absolutamente todo.

Refleja, entre otras cosas, la importancia del foco y de identificar (y luego centrar los recursos, incluyendo la energía) en lo verdaderamente importante.

Construir un negocio de éxito en la red implica muchísimas cosas. Algunas de ellas son absolutamente cruciales (como por ejemplo identificar un público objetivo y diseñar una propuesta atractiva de valor añadido) pero otras no son vitales, y pueden esperar.

Por ejemplo, la diferencia entre un blog de éxito y otro que no irá a ninguna parte no tiene que ser (necesariamente) que uno comparte 12 actualizaciones diarias en Twitter y otro sólo 6. De igual manera, la diferencia entre un podcast de éxito y otro del montón no es (necesariamente) que el proceso de edición de uno de ellos dura 4 horas por episodio y el otro sólo invierte 2 horas.

Son detalles importantes, claro que sí, y sin lugar a dudas todo suma. El diablo está en el detalle.

Pero no son los factores verdaderamente críticos.

La lección en este caso es que si bien es importante dar todos los pasos, y hacer el mayor número posible de acciones que vayan encaminadas a llevar nuestro negocio al destino final que deseamos, no se pueden hacer todas las cosas a la vez y es absolutamente fundamental aprender a priorizar. No dejar de hacer, mantener la inercia positiva, pero decidir sabiamente entre todo aquello que podemos hacer y lo que debemos hacer.

Confianza en ti mismo

Se le podrá criticar todo lo que uno quiera —y sin lugar a dudas será así durante todo su mandato, creo que no hemos hecho más que rascar la superficie— pero es absolutamente innegable que Donald Trump tiene una confianza en sí mismo que roza (si es que no supera) lo patológico.

Algunas personas critican la ambición desmedida y los egos desmesurados. Los extremos no suelen ser buenos, y crean personas que más bien parecen caricaturas de personas.

¿Pero quién determina lo que es extremo y desmesurado? ¿Quién tiene la vara de medir? Esa es la pregunta difícil…

Una de las bases de cualquier tipo de negocio en Internet (especialmente los blogs, los canales de YouTube, los podcasts y otro tipo de iniciativas basadas en la generación de contenidos de valor añadido) es la confianza.

El valor de la confianza. Imagen cortesía de Pexels

El valor de la confianza. Imagen cortesía de Pexels

Como repito una y otra vez en nuestro podcast de marketing online y negocios en Internet, la monetización (vender algo) es un componente esencial de cualquier negocio. Sin embargo, antes de vender nada, necesitas una Audiencia a quién vender.

No basta con tener una audiencia en minúsculas. Necesitas una Audiencia Fiel (en mayúsculas) que te conozca, que te respete y que confíe en ti.

Si tú no confías primero en ti mismo, es francamente difícil conseguir esa confianza de los demás.

Como sabes, soy un gran admirador de Walt Disney. Quizás es un personaje que genera menos controversia que Trump, pero no te creas. También tiene sus detractores (¿recuerdas el primer punto de este artículo?) En este post compartí algunas lecciones empresariales que aprendí de Disney.

El caso es que Walt Disney tenía una relación muy especial con su hermano, Roy.

Walt era el de las ideas y Roy era el que manejaba el dinero, pero rara vez se ponían de acuerdo en algo a la primera. Habitualmente Walt le presentaba a su hermano un nuevo proyecto, y éste le aseguraba que era imposible porque no tenían dinero. Walt continuaba presionando hasta lograr la aprobación de su hermano y obtener financiación para el proyecto.

A lo largo de su carrera, Roy (y otros) le aseguraron a Walt que aquello que pretendía hacer era imposible. Como asumo que le habrán dicho a Trump miles de veces desde que anunció que se presentaría a la carrera electoral.

Antes del estreno de Blancanieves, por ejemplo, le dijeron a Walt que nadie se tragaría un largometraje animado. Le aseguraron que no se podía mezclar animación con actores reales. Le dijeron que su idea para un parque temático sería un sonoro fracaso. Le dijeron que Mickey Mouse era una nefasta idea porque los ratones asustan a las mujeres.

Walt demostró una y otra vez que sólo porque algo todavía no se había hecho no lo convertía en imposible. Y para lograr eso, uno debe de soñar a lo grande y tener una confianza inquebrantable en sus propias posibilidades.

Walt Disney murió 5 años antes de la inauguración de Walt Disney World en Orlando (el segundo complejo turístico de Disney después de Disneylandia). Ese día, alguien comentó que era una pena que Walt no viviera para ver su sueño a lo que Mike Vance (director creativo de la compañía por aquél entonces) respondió: “sí que vio su sueño, y por eso estamos hoy aquí todos los demás viéndolo también.”

Hagas lo que hagas, hazlo con toda la confianza del mundo y cree firmemente en tus posibilidades de éxito.

Porque si algo nos ha enseñado la victoria de Donald Trump a los emprendedores, es que todo —absolutamente todo— es posible en este mundo.