Desde el inicio de los tiempos, los relatos han constituído una pieza clave en nuestro desarrollo cultural.

¿Recuerdas cómo comenzaba la serie Cuentos Asombrosos de Steven Spielberg? Hace miles de años, nuestros antepasados ya se reunían en torno al fuego para compartir historias, frecuentemente ilustradas con rudimentarios pigmentos en rocas y cavernas de medio mundo.

Siglos más tarde, esas mismas historias fueron transmitidas mediante hojas de papiro, manuscritos laboriosamente decorados por monjes de incontables abadías europeas, y finalmente a través de la imprenta de tipos móviles inventada por Gutenberg gracias a la cual los relatos llegaron al gran público.

La radio y más tarde la televisión dieron un nuevo impulso a la comunicación – y por tanto a la transmisión de relatos – y en la actual era digital el vehículo para la transmisión de información y conocimiento es Internet; la red de redes.

A lo largo de la historia las correas de transmisión de historias y relatos han cambiado radicalmente, no tanto los mensajes.

Pero a diferencia de lo que habíamos visto hasta ahora con otros medios de comunicación, Internet ha democratizado no sólo el consumo de historias y relatos sino también su propia creación. Ya no es necesario ser un sabio erudito para publicar un libro, ni tener una voz prodigiosa para emitir un programa de radio, ni contar con años de experiencia en Hollywood para que tus videos sean vistos por millones de espectadores en todo el mundo…

En la era digital no hay que pedir permiso a nadie para contar una historia; está al alcance de todos, y si tienes la intención de construir un blog significativo en Internet quizás deberías conocer (y poner en práctica) los principios fundamentales del “storytelling” que han perdurado desde que el ser humano comenzó a poblar la tierra.

Vamos a verlo en más detalle.

La importancia del storytelling

Muchos grandes iconos comerciales – desde Nike hasta Disney, pasando por Starbucks Coffee o Dunkin’ Donuts entre otras miles de conocidas marcas – dependen crucialmente del “storytelling” o “el arte de contar hitorias” para establecer un vínculo emocional con el Consumidor.

Si bien esto se ha puesto de moda en los últimos tiempos gracias en parte al auge de las redes sociales y el marketing de contenidos (quizás te suena eso de “inbound storytelling”), en realidad no es algo tan innovador.

Soy un gran admirador de Walt Disney, y he investigado en profundidad su vida y obra, especialmente en lo que se refiere a los parques temáticos.

El primer parque temático de Disney (lo que vino a ser el primer parque temático del mundo, ya que el concepto como lo entendemos hoy no existía anteriormente) se inauguró en Anaheim, California, en 1955.

La tecnología y los efectos especiales han evolucionado muchísimo desde que Walter Elías Disney inauguró el lugar más feliz del mundo, permitiendo a los Imagineers de la compañía (storytellers del cine clásico de animación convertidos en ingenieros de parques temáticos) construir atracciones envolventes y fascinantes experiencias multimedia impensables hace tan sólo una década.

Sin embargo, a pesar de este salto tecnológico, hoy en día (casi 60 años después de la inauguración de Disneyland en California), las atracciones más populares de los parques Disney en medio mundo no son las más sofisticadas sino muchas que ya deleitaron a visitantes hace medio siglo: Piratas del Caribe (atracción que inspiró una popular saga cinematográfica), The Haunted Mansion, Peter Pan’s Flight, The Carrousel of Progress o It’s A Small World (estas dos últimas, inauguradas en la exposición internacional de Nueva York celebrada ni más ni menos que en 1964-65…)

¿Cómo puede ser?

¿Cómo es posible que, con las cosas tan increíbles que nos permite hacer la tecnología hoy en día, las atracciones que siguen generando esperas interminables en los parques Disney de tres continentes y cautivando a generación tras generación de visitantes, no sean las más rápidas ni las que más vueltas dan sino aquellas que se inauguraron hace medio siglo con una tecnología rudimientaria?

La respuesta, como habrás adivinado, es sencilla: cuentan una historia.

La tecnología es simplemente un vehículo de transmisión de esas historias – como lo fue la imprenta de tipos móviles de Gutenberg, la radio, la televisión o Internet – pero la importante es la historia. A todo el mundo le gusta una buena historia, ¿verdad? Eso es lo que atrae a la gente, y ese mismo principio lo puedes aplicar a tu blog.

¿Pero qué constituye una buena historia, y cuáles son sus principales ingredientes? Veamos a continuación alguno de ellos…

1. Una buena historia Inspira

La mera información – un post en tu blog, por ejemplo – rara vez transmite pasión. Por muy bien redactado que esté.

La información no inspira al Lector a cambiar su vida. Se lee, puede resultar más o menos interesante, y acto seguido se olvida. Estamos demasiado ocupados como para retener demasiadas cosas en la cabeza. Pero ocasionalmente la información puede dejar huella, y en este sentido las historias juegan un papel crucial.

Da igual tu nicho de mercado: independientemente de si tu blog trata sobre consejos de salud, trucos de belleza o cómo aprender marketing online (ejem), si tu objetivo es aportar valor la única forma de cristalizar ese valor es consiguiendo que tu Lector haga algo para sobreponerse a un determinado problema, frustración, inquietud, deseo o necesidad.

Y frecuentemente el “storytelling” es lo que separa a los blogs mediocres de aquellos otros que realmente inspiran e impulsan a sus Lectores a actuar.Los que dejan huella.

2. Una buena historia establece una conexión emocional

Si te fijas, muchas grandes marcas como Nike o Starbucks Coffee no se limitan a vender productos o servicios, sino experiencias.

No me voy a extender demasiado en este punto, porque no es algo nuevo y se han escrito ríos de tinta al respecto, pero muy pocos Bloggers creen que es posible lograr un efecto similar desde un simple blog; y por eso precisamente (aún a riesgo de ofender a más de uno) me atrevería a decir que muy pocos Bloggers provocan turbulencias, son catalizadores del cambio o tienen un impacto real sobre la vida de los demás.

Y es que es complicado hacer todo esto cuando nos sentamos a escribir un simple post informativo en nuestro simple blog, pero ay amigo: cuando hablamos de contar historias todo es posible…

La buena historia es aquella que toca las fibras emocionales de tu audiencia, pulsando los botones más primitivos de las personas como ya lo hacían esos antepasados que intercambiaban relatos en torno al fuego.

3. Una buena historia tiene orden y estructura

En general yo creo que no hay historias malas, sino malos contadores de historias.

Y la buena historia se caracteriza por tres actos claramente diferenciados: introducción, desarrollo y desenlace final.

Sabemos – porque se han analizado relatos y cuentos populares desde hace siglos – que las historias intemporales (esas que no pasan de moda) tienen una estructura previsible y fluyen en un orden lógico. Al fin y al cabo el ser humano es un ser de costumbres, racional, con hábitos y estructuras definidas.

Altera estos “biorritmos esenciales” – esos parámetros de confianza entre los que nos sentimos cómodos – y provocarás confusión e indiferencia: justamente lo contrario de a lo que debe aspirar un buen blog.

El ingrediente principal de una buena historia es el conflicto; un protagonista se enfrenta a un reto, un cambio o una amenaza, mientras que un antagonista intenta impedir que lo consiga. El conflicto representa un choque de trenes donde sólo uno puede salir victorioso.

Nuestro protagonista está dividido entre dos mundos, atraviesa una montaña rusa emocional con altos y bajos, pero finalmente emerge triunfante y logra algo que no tenía antes. Algo físico o espiritual, pero generalmente espiritual.

4. Una buena historia tiene un interruptor personal

Si quieres maximizar el impacto de tu historia, en algún momento debe dejar de ser un simple relato donde el Lector no es más que un mero espectador pasivo para colocarle en el centro mismo de la acción.

Esto se puede hacer de forma más o menos evidente, más pronto o más tarde, pero en algún momento debes pulsar ese interruptor que alumbra los focos sobre tu Lector y le convierte en protagonista.

No te engañes, querido Lector: al fin y al cabo, si lo has hecho bien, tu audiencia no visitará tu página porque el logotipo es muy bonito o los plugins de WordPress que has instalado quedan fabulosos; lo hará porque busca algo que le afecte directamente.Generalmente, algo más que mera información. Eso lo puede hacer cualquiera. Para eso tenemos la Wikipedia.

En el momento en el que lo que publicas deja de influir en la mente de tu Audiencia, cuando tus historias ya no dejan huella ni hacen pensar, reina la más absoluta indiferencia y si bien todavía puedes construir un blog rentable no tendrá razón de ser más allá de eso. Y es fácil cansarse de eso.

No lo olvides: las buenas historias son aquellas de las que podemos extraer algo para aplicar en nuestras propias vidas o en nuestros propios negocios, no las que meramente son “entretenidas”. De hecho, frecuentemente los relatos nos resultan “entretenidos” precisamente porque hemos establecido una conexión emocional con los vaivenes de sus protagonistas y de alguna forma percibimos de forma más o menos consciente una relación con nuestra propia vida.

Esta conexión entre la historia y su aplicación práctica, la relevancia, debe de fluir de forma automática y en ningún caso debe parecer forzada.

Conclusión

Y así, sin pena ni gloria, concluye el artículo de hoy : )

Hemos repasado la importancia del “storytelling” o el arte de contar historias, así como cuatro ingredientes que debes tener en cuenta a la hora de aplicar el arte de contar historias en tu propio blog para establecer ese vínculo emocional con tu Audiencia.

¿Qué opinas? ¿Lo has probado ya? ¿Crees que es algo que merece la pena intentar?

No olvides que un blog vive de los comentarios de Lectores como tú, así que no tengas miedo de dejar tu opinión y – por supuesto – en compartir este artículo si te ha resultado interesante.

Este artículo apareció primero en OscarFeito.com.

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