Para la inmensa mayoría de personas que conozco, hablar en público viene a ser igual de terrorífico que una sentencia de muerte.

Charlas, ponencias, talleres, clases magistrales, conferencias, seminarios… No conozco a ningún emprendedor de éxito que no haya tenido que pasar la prueba de fuego de exponer sus ideas en público al menos una vez en su vida, ya sea dentro o fuera de su propia organización.

Es una buena señal que a uno le inviten a presentar, y lo que realmente debería de ser terrorífico es el anonimato; la indiferencia; que nadie sepa quien eres ni lo que opinas. Sin embargo, lo que aterra es hablar en público y no el anonimato.

¿Cuál es el problema? Pues resulta que nuestro querido sistema educativo nos obliga a memorizar la longitud de todos los ríos de España (dentro de poco tocará estudiarse también el caudal y el pH de todos los afluentes), y otras cosas súper útiles como los problemas que tenían los granjeros en la baja edad media, pero no nos prepara para exponer y defender nuestras ideas en público.

Y claro, luego pasa lo que pasa.

Algo que podría y debería ser una grandísima oportunidad para darte a conocer, aumentar tu Audiencia y generar oportunidades de negocio, se convierte en un calvario que te quita el sueño durante semanas y que sólo puedes afrontar con un par de Lexatines o un chupito de Jägermeister (o una combinación de ambos, lo cual no suele ser una buena idea).

¿Te han invitado/nominado/obligado a hablar en público y te han entrado los sudores fríos? No te preocupes, porque después de leer el artículo de hoy se te va a quitar el miedo y lo vas a hacer fenomenal.

No llevo la cuenta, pero probablemente he dado más de medio centenar de charlas en público relacionadas con el marketing digital y los negocios en Internet.

No es por fardar, son gajes del oficio.

Ha impartido clases de 5 horas en prestigiosos centros educativos como ICEMD y también charlas de 20 ó 30 minutos en congresos profesionales como FICOD y Futurizz. Al principio también me aterrorizaba hablar en estos eventos, pero ahora lo adoro. Tengo una especia de adicción a expresar mis ideas en público, y de hecho ésa es una de las razones por las que grabo un podcast sobre marketing digital dos veces por semana.

Te voy a contar un secreto: a pesar de haber estado haciendo esto durante más de 15 años, todavía me pongo nervioso. Yo creo que ese miedo escénico a hablar en público no se quita nunca – y de hecho creo que es bueno tener un punto de tensión para mantenerse alerta – pero he aprendido unos truquillos para no sólo para hablar bien en público, sino para disfrutar de la experiencia. Aunque te parezca imposible, es posible.

Vamos con los consejos.

Hablar Bien Público

Conoce a tu Audiencia

Si sigues este blog y nuestro podcast de marketing online, sabes que soy muy fan de construir negocios en Internet de abajo a arriba: primero los cimientos, y después los detalles.

Los cimientos de un negocio sólido y rentable en Internet son (1.) un nicho de mercado bien definido (2.) un público objetivo dentro de ese nicho de mercado bien identificado y (3.) una sólida propuesta de valor añadido.

Los cimientos de una buena presentación en público no te creas que son muy diferentes.

Lo primero que tienes que hacer cuando te toque hablar en público (y conviene hacerlo cuanto antes) es conocer a tu Audiencia y el contexto de tu ponencia.

¿Los asistentes estarán familiarizados con el tema que vas a tratar en tu presentación? ¿Son profesionales del sector, o es su primer contacto con el asunto sobre el que vas a hablar? ¿Qué nivel de conocimiento tienen? ¿Cuáles son sus deseos, anhelos o frustraciones? ¿Qué esperan obtener de tu presentación y por qué van a asistir?

En mi caso, por ejemplo, he tenido el privilegio de hablar en público sobre marketing digital y emprendimiento a alumnos universitarios y también a profesionales en eventos y congresos del sector: el mismo tema, pero públicos con conocimientos y expectativas muy diferentes.

La clave número 1 para hablar bien en público es captar y mantener la atención de tu Audiencia. Si tu contenido es demasiado avanzado, demasiado básico o demasiado irrelevante para ellos, tendrás problemas.

Hablar En Público

Si quieres atención, aporta valor

Por lo tanto, familiarízate con tu Audiencia. Preferiblemente lo antes posible. De esta forma, los engranajes creativos de tu cerebro empezarán a funcionar de forma subconsciente para dar forma al tipo de mensaje más adecuado para tus asistentes.

Recuerda: una “buena” presentación o intervención pública no es buena porque has hablado muy bien y del tirón sin trabarte, sino porque has aportado valor a tu Audiencia. El primer paso para poder hacer esto es saber quién será tu Audiencia.

Hasta aquí, todo bien, ¿verdad? Ya hemos hecho mucho (más de lo que parece) ¡y ni siquiera hemos abierto el Powerpoint! Vamos con el segundo consejo.

Conoce el formato

Odio cuando asisto a una conferencia, y cinco minutos antes del final el presentador comienza a pasar las diapositivas súper rápido como un poseso con el clásico “bueno, vamos muy justos de tiempo, así que esto lo voy a pasar rapidito…

¿Cómo que vamos muy justos de tiempo? ¿Cómo que esto lo vas a pasar rapidito? ¿El tiempo ha desaparecido, como por brujería?

No. Tu obligación como ponente es saber de antemano (por supuesto antes de comenzar a elaborar tu presentación) cuánto tiempo vas a tener para exponer, y ajustar tu mensaje al tiempo disponible.

De igual manera es útil conocer el formato de tu participación, ponencia o charla pública.

¿Dónde tendrá lugar? ¿Tu Audiencia estará sentada o de pie? ¿Tú estarás sentado o de pie? ¿Cuánta gente habrá? ¿Es un evento gratuito o de pago? ¿Tu charla será la única sobre la materia, o forma parte de unas jornadas en las que distintos ponentes abordarán temas similares o directamente relacionados? ¿Tu presentación será la primera charla del primer día, o la última charla del último día?

Cómo Hablar En Público

Conoce el formato de tu intervención lo antes posible

Aparte de identificar a tu Audiencia y definir tu propuesta de valor añadido, ahora toca adaptar el canal de comunicación al entorno y el contexto de tu participación.

Cuenta una historia

No es la primera vez que hablo del “storytelling” – o el arte de contar historias – en el contexto del marketing digital y los  negocios en Internet. Y estoy seguro de que tampoco será la última.

Desde el inicio de los tiempos, los relatos han sido una pieza clave en nuestro desarrollo cultural. Hace miles de años, nuestros antepasados ya se reunían en torno al fuego para compartir historias, frecuentemente ilustradas con rudimentarios pigmentos en rocas y cavernas de medio mundo.

Siglos más tarde, esas mismas historias fueron transmitidas mediante hojas de papiro, manuscritos laboriosamente decorados por monjes de incontables abadías europeas, y finalmente a través de la imprenta de tipos móviles inventada por Gutenberg gracias a la cual los relatos llegaron al gran público.

La radio y más tarde la televisión dieron un nuevo impulso a la comunicación – y por tanto a la transmisión de relatos – y en la actual era digital el vehículo para la transmisión de información y conocimiento es Internet; la red de redes.

Una buena historia capta y retiene la Atención del público. Una buena historia deja huella. Una buena historia no se olvida fácilmente.

Los Lectores más perspicaces se estarán preguntando, “¿y qué es una buena historia?”. Me alegro que me hagas esa pregunta…

Una buena historia transmite un mensaje (lo que sea que quieras exponer en tu presentación o intervención pública). Lo hace mediante una estructura que resulta familiar a tu Audiencia, pero sobre todo una buena historia toca la fibra sensible de tu Audiencia. Porque es mucho más fácil impactar a través de las emociones que simplemente a través de palabras huecas, tablas, listas y gráficos.

Te voy a poner un ejemplo.

A principios de abril tuve el honor de participar en unas charlas sobre emprendimiento y marketing en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

No es la primera vez que tengo el privilegio de dirigirme a los alumnos de marketing de la URJC, y en esta ocasión el evento atrajo a cientos de asistentes (algo bastante inaudito para un viernes por la tarde) y tanto la atención como la participación del público fue increíble.

Básicamente quería transmitir dos mensajes a través de mi ponencia: los motivos para emprender y cómo construir tu primer negocio en Internet sin dinero, sin oficina, sin empleados y sin inventar nada revolucionario a través del marketing digital.

Estudiantes, viernes por la tarde, conferencia… La cosa podía haber sido muy aburrida, así que necesitaba una historia; una historia capaz de transmitir esos mismos valores de forma amena e impactante, a través de las emociones. Algo que no se olvidará fácilmente.

La utilización del “storytelling” para transmitir mensajes más profundos no es una estrategia revolucionaria. Ya lo hacía Esopo con sus fábulas, y los Hermanos Grimm con sus relatos.

Trucos Hablar En Público

Están allí para verte a ti. No tu Powerpoint

Así que conté una historia: la historia de los zombis corporativos, de una epidemia contagiosa que se está extendiendo peligrosamente entre nosotros, de los síntomas de esta peligrosa aflicción y de mis armas para luchar contra ella (naturalmente, el emprendimiento y el marketing digital).

La historia tiene un inicio (exposición del problema), un desarrollo (transmitir a la Audiencia el resultado del problema haciendo todo lo posible para que se sientan plenamente identificados), y una conclusión (la solución del problema).

Desgraciadamente no dispongo de una grabación de la charla, pero subí uno de mis ensayos a YouTube y puedes verlo aquí:

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Un detalle adicional. Cuando los responsables del evento me enviaron el programa de estas jornadas sobre marketing y emprendimiento, aparecía el nombre de todos los ponentes con su correspondiente cargo.

Qué aburrido.

Así que pedí que cambiaran el mío de “Oscar Feito | La Academia de Marketing Online” a “Oscar Feito | Cazador de Zombis”.

¿Te puedes imaginar qué ponente despertó más expectación de antemano? Sabía que contaba con la curiosidad y la atención de la Audiencia antes incluso de comenzar la charla, y con eso tienes media batalla ganada. La otra mitad consiste en cumplir las expectativas y no defraudar.

A día de hoy – un mes después de la ponencia – sigo recibiendo mensajes de personas que asistieron el evento asegurando que el mensaje “caló muy hondo”. Cool.

No te obsesiones con la PPT

Se han escrito ríos de tinta sobre “el powerpoint perfecto”. No quiero repetirlo todo aquí (si quieres más detalles te recomiendo este libro o ver un puñado de charlas TED), pero sí quiero resumir algunos de los puntos más importantes.

La PPT (o presentación de Keynote si trabajas en un Mac) es una herramienta de apoyo para tu conferencia. Ni más, ni menos.

La PPT No es la conferencia. De hecho, si con el mero hecho de leer tu presentación alguien ya sabe todo lo que vas a decir en tu evento, estás haciendo algo mal.

Tu presentación sirve para ilustrar los mensajes principales de tu charla o ponencia, para estimular la imaginación de la Audiencia y para mantener su interés, pero lo importante eres tú y lo que dices.

Cuando hablas en público, no estás leyendo un libro ni un artículo en voz alta. Estás exponiendo y argumentando una serie de ideas para tu público objetivo, de forma coloquial y natural.

Es difícil, lo sé, pero procura que cada diapositiva tenga un sólo punto clave. Una sóla frase. Un sólo concepto. No más. Tu rol – el motivo por el que estás allí – es para explicar el significado y las implicaciones de esas frases.

Por ejemplo, aquí tienes dos diapositivas:

Presentar En Público

Tu presentación es simplemente material de apoyo

Eso es lo que vas a ver, pero lo que vas a escuchar – de viva voz – es todo esto:

Comprendo perfectamente que, a veces, es difícil verse a uno mismo como un emprendedor. Como que no nos pega. Especialmente cuando hablamos de estudiantes universitarios veinteañeros como vosotros…

Cuando hablamos de “emprendedores” y “empresarios” generalmente nos vienen a la cabeza imágenes de alguien trajeado (ya bien entrado en años), con los pies sobre una maciza mesa de roble, fumando un gran puro, tomando una copa de brandy y explotando a sus trabajadores.

Nos vienen a la cabeza imágenes de grandes fábricas con miles de empleados, financiación, capital riesgo, inventos innovadores y exclusivas patentes. Nos vienen a la cabeza imágenes de personas como Amancio Ortega, Carlos Slim, Bill Gates…

Y, con razón, pensamos, “yo no soy así”. Yo no soy un emprendedor.

¿Pero sabes qué?

El Rubius, Vegetta777, WillyRex, Eduard Esteller a quién por cierto tuve el honor de entrevistar en mi podcast con motivo de alcanzar 1,5 millones de seguidores,  y otros grandes YouTubers también son emprendedores.

También lo son podcasters como John Lee Dumas y Pat Flynn que – por cierto – generan más de 100.000 US$ mensuales.

Miles de bloggers en todo el mundo que ganan desde unos pocos cientos hasta miles de euros todos los meses, creadores de software, apps, juegos online… Todos ellos también son emprendedores.

Son los nuevos emprendedores del marketing en Internet, y tienen varias cosas en común: No inventaron nada especial ni tuvieron una idea “revolucionaria”. No tienen empleados (o tienen muy pocos). No tienen grandiosas oficinas (la mayoría trabajan desde casa). Empezaron con poco dinero, y sin financiación externa

¿Ves la diferencia entre ver y escuchar? Las imágenes – las diapositivas del Powerpoint – solamente sirven para apoyar el contenido principal, que es lo que vas a decir cuando hablas en público.

Procura empezar con una diapositiva impactante, terminar con una llamada a la acción, utilizar un tamaño de fuente lo suficientemente grande como para que se pueda leer perfectamente desde el final de la sala (no inferior a 40 ó 50 puntos), y no tener más de una diapositiva por cada minuto de ponencia.

Ensaya, ensaya, ensaya

La historia – o más bien la interpretación moderna de la historia – tiende a enseñarnos que la gente que ha conseguido cosas grandes en la vida es porque eran genios.

Por ejemplo, para un pianista es mucho más fácil pensar que con tan sólo cinco años Mozart ya componía obras musicales (y que era un genio), que pensar en las miles de horas que practicaba cada día. Para un joven aspirante a escritor es más fácil pensar que Stephen King es “uno entre un millón”, que recordar sus miles de manuscritos que fueron rechazados por innumerables editoriales antes de escribir Carrie; la novela que finalmente después de mucha sangre, sudor, lágrimas y drogas le catapultó a la fama.

Da igual el nicho de mercado, da igual el sector. Es más fácil pensar que nosotros nunca conseguiremos ciertas cosas, porque así nos protegemos de la eventual decepción en el caso de que efectivamente nos quedemos cortos.

Otro gran éxito de nuestro sistema educativo.

Después de analizar el rendimiento académico de cientos de estudiantes, Ángela Duckworth (investigadora de la Universidad de Penn) concluyó que la práctica y la perseverancia son mucho más relevantes que el talento, la habilidad práctica, la capacidad de liderazgo o el coeficiente intelectual a la hora de alcanzar nuestros objetivos.

En su brillante libro Fuera de serie: Por qué unas personas tienen éxito y otras no Malcom Gladwell sostiene que se necesitan aproximadamente 10.000 horas de práctica para convertirse en un maestro de cualquier disciplina. No meramente “ser bueno”, o alcanzar el rango de experto, sino destacar por encima de todos los demás.

La conclusión de Gladwell se basa en un concienzudo estudio sobre la vida de personas que han alcanzado la cima en sus respectivas disciplinas.

A principios de los años noventa, por ejemplo, un equipo de psicólogos en Berlín estudiaron la trayectoria de un grupo de extraordinarios violinistas centrándose específicamente en sus hábitos de estudio en la niñez, adolescencia y ya de adultos. Todos los violinistas habían comenzado a tocar el instrumento aproximadamente a los 5 años de edad, y habían practicado una cantidad similar de horas hasta los 8 años, sin embargo a partir de ese momento sus hábitos comenzaron a divergir.

A los 20 años, los violinistas más virtuosos – aquellos que destacaban claramente sobre el resto y los que más éxito habían tenido en su carrera musical (suerte, que dirían algunos) – habían acumulado unas 10.000 horas de práctica mientras que los menos habilidosos incluso dentro de este grupo de virtuosos apenas alcanzaban las 4.000 horas.

Como nota adicional, el estudio no desveló la existencia de ningún genio entre el grupo de violinistas. Ninguno de ellos tenía “un don natural”, ni era un “genio” a pesar de que en la adolescencia ya eran aclamados músicos.

La principal conclusión del estudio – la única relación estadísticamente relevante – fue que a más horas de práctica mayor éxito. No existen los atajos. La suerte en términos generales es irrelevante. No existen las genialidades.

El libro de Gladwell analiza también la supuesta genialidad de los fundadores de Microsoft (Bill Gates y Paul Allen), quienes pasaron miles de horas aprendiendo a programar en el laboratorio informático de su colegio antes de fundar la compañía en 1975, y Los Beatles que tocaron literalmente miles de conciertos en garitos de mala muerte antes de saltar a la fama.

De hecho se estima que entre 1960 (cuando eran una banda de aficionados) y 1964 (cuando saltaron al panorama musical internacional), Los Beatles habían tocado juntos ya en más de 1.200 conciertos; más de lo que tocan la mayoría de grupos musicales en toda su carrera.

¿Y cómo se traduce todo esto a hablar en público?

Fácil: tus probabilidades de éxito aumentarán cuantas más horas practiques.

Cuanto más ensayes tu presentación – y por ensayo me refiero a ponerte de pie y hablar en voz alta, con cronómetro en mano – mejor te saldrá.

La aparente naturalidad y la espontaneidad de algunos de los mejores presentadores del mundo – incluyendo por ejemplo Guy Kawasaki, Steve Jobs y muchos de los oradores de las charlas TED – es sólo el fruto de horas y horas de práctica.

No hay más secreto, pero sí hay un efecto colateral: cuanto más ensayes, y cuanto mejor te sepas exactamente lo que tienes que decir en cada diapositiva (sin dejar absolutamente nada al azar ni a la improvisación) menos nervioso estarás cuando llegue la gran cita.

Eso sí, procura llegar al menos una hora antes para relajarte y familiarizarte con el entorno.

Y ahí lo tienes. No hay mucho más misterio. Ahora, a practicar : )

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