No voy a negarte que a veces esta página parece una versión abreviada del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales publicado por la Sociedad Americana de Psiquiatría.

El célebre DSM. Bueno, “célebre” para los que disfrutamos de series de televisión como Dexter o leemos libros como The Psychopath Test: A Journey Through the Madness Industry del genial Jon Ronson (enlaces de afiliación).

Y es que esto del marketing online es una actividad de alto riesgo y los que nos dedicamos a ello somos susceptibles de padecer un sinfín de trastornos mentales incluyendo el Síndrome del Emprendedor Solitario, el Síndrome del Superhéroe o el Síndrome del Objeto Brillante de los que hemos dado buena cuenta en artículos anteriores.

Hoy voy a explicarte en qué consiste el Síndrome del Impostor (algo que sin duda te resultará familiar), y vamos a repasar 4 trucos para dar coto a esta peligrosa actitud que puede hacer zozobrar tu negocio en Internet.

A finales de los años setenta, las psicoterapeutas Pauline Clance y Suzanne Imes descubrieron que muchas personas que habían alcanzado logros importantes en sus vidas profesionales también tenían la autoestima por los suelos.

A pesar del éxito cosechado, estas personas parecían incapaces de interiorizar sus logros y – en muchos casos – se sentían como si fueran fraudes o impostores. No se merecían lo que habían conseguido.

Este fenómeno comenzó a conocerse como el Síndrome del Impostor durante los años ochenta, y es tremendamente común en el marketing online. De hecho, yo lo sufro con frecuencia y seguramente tú también.

Cuando pones en marcha un blog y empiezas a generar audiencia – personas de carne y hueso que visitan tu página para leer lo que tienes que decir sobre un determinado tema – empezarán a asaltarte las dudas.

Inevitablemente te fijarás en lo que hacen otros expertos de tu nicho de mercado en sus blogs, y pensarás que tú no tienes nada que aportar. Eres un fraude. ¿A quién vas a engañar? ¿Quién se va a interesar por lo que tienes que decir?

Lo curioso es que a medida que tu presencia en Internet va creciendo, demostrando objetivamente que algún tipo de valor estás aportando, esos sentimientos de duda van en aumento

Lo más importante no es que de vez en cuando nos asalten esas dudas sobre nuestra propia capacidad, sino que esas dudas nos impidan tomar las acciones necesarias para alcanzar nuestros objetivos y aspiraciones porque creemos que no lo merecemos.

1. Busca aportar valor, no alcanzar la perfección

El Síndrome del Impostor afecta generalmente a las personas más ambiciosas de todas.

Afecta a personas que quieren cambiar el mundo, a quienes buscan la excelencia y a los que no se conforman con la mediocridad.

Aquellos que hacen las cosas a medias, que tienen metas mediocres o que no están especialmente motivados no padecen el Síndrome del Impostor.

Sin embargo, recientemente expliqué por qué a veces es mejor no ser primero, y por qué alcanzar la perfección no debería de ser tu principal motivación.

En marketing online los objetivos no son estáticos, sino blancos móviles. Siempre puedes atraer a un nuevo Usuario, interactuar con un nuevo follower, y ayudar a una persona más.

Mantén el Síndrome del Impostor a raya centrándote en el valor añadido que aportas, y no necesariamente en lo que podrías hacer si fueras perfecto.

No hace falta ser perfecto para cambiar la vida de otras personas ni para solucionar sus problemas o frustraciones a través de tu actividad de marketing digital. Hace falta estar allí, seguir haciendo lo que estás haciendo y mejorar cada día.

2. Aduéñate de tus éxitos

Los éxitos que logres en tu actividad de marketing online son tuyos. Te los has ganado a pulso gracias a tu esfuerzo, perseverancia y dedicación, y no son fruto de un mero golpe de suerte.

Muchas personas que sufren el Síndrome del Impostor tienden a atribuir todos sus éxitos a la fortuna. Suerte. Estar en el lugar adecuado en el momento justo.

Pero en el fondo sabes perfectamente que esto no funciona así – desde luego no en el marketing online – y la suerte suele visitar con más frecuencia a quienes más se esfuerzan.

Evita obsesionarte por todo aquello que no estás haciendo, o que podrías hacer mejor, y no des la espalda a tus logros. De igual forma que uno debe responsabilizarse de sus equivocaciones, también debe ser capaz de interiorizar sus logros.

Si alguna vez te asalta la duda y crees que no mereces estar donde estás, haz una lista con todo lo que has hecho durante los últimos 12 meses para poner tu negocio en marcha y llevarlo hasta donde está hoy. Y si tu negocio todavía no tiene 12 meses de vida, razón de más para tener paciencia y asegurarte de que cuando llegue ese primer cumpleaños tengas un montón de cosas que poner en la lista.

Aunque sea puramente por motivos prácticos, no olvides esta frase de Anthony Trollope (uno de los novelistas ingleses más respetados de la época victoriana):

Nadie puede tener una buena opinión de alguien que tiene una mala opinión de sí mismo
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3. Las comparaciones son odiosas

Buscar inspiración en los demás y aprender de otras personas que admiramos en nuestro nicho es bueno. Compararse incesantemente con ellos es malo.

Las comparaciones no sólo te desviarán de tu camino (el Síndrome del Objeto Reluciente), sino que ahogarán tu propia voz y perderás de vista el motivo por el que creaste tu negocio en primer lugar.

Karl Lagerfeld – uno de los diseñadores de moda más influyentes del Siglo XX – lo dejó meridianamente claro:

La personalidad comienza allí donde las comparaciones terminan – Karl Lagerfeld
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Pero es que además las comparaciones son odiosas porque mientras nosotros somos plenamente conscientes de lo difícil que es mantenernos a flote, y el esfuerzo que hemos hecho para llegar a donde estamos, tendemos a pensar que los demás lo han conseguido sin esfuerzo.

La realidad es que los demás – esos con los que te comparas – tienen dificultades exactamente igual que tú. Quizás no en las mismas áreas que tú, porque efectivamente es posible que esas personas con las que te comparas están varios pasos por delante de ti ahora mismo, pero también tienen sus retos.

Fíjate en lo que hacen los demás, pero no te desanimes si Fulanito escribe muy bien o el diseño del blog de Menganito es fabuloso; seguramente hay un área donde tú destacas por encima de ellos y es ahí donde debes hacer hincapié.

En resumen: acostúmbrate a compararte con la persona que fuiste ayer, pero no con otras personas.

4. Acepta el reto

Como he explicado al principio del todo, lo más grave del Síndrome del Impostor es cuando nos impide tomar las acciones necesarias para alcanzar nuestros objetivos.

Y la raíz de esto es el miedo. Como escribió Paulo Coelho en El Alquimista:

Sólo una cosa que puede impedir que cumplas tu sueño; el miedo al fracaso – Paulo Coelho
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Imagínate que te invitan a impartir una ponencia, o quizás a participar en un curso relacionado con tu nicho de mercado, pero cuando ves los demás participantes quedas paralizado por el miedo; todos son reconocidos expertos en el sector, y posiblemente incluso los asistentes al evento saben más que tú.

¿Por qué te habrán invitado a ti? Seguramente será un error, lo voy a hacer fatal, voy a hacer el ridículo, se van a reír de mí y quizás incluso me tiran tomates.

Lo más fácil en estos casos es no participar; seguir pasando desapercibido porque al fin y al cabo es mucho más cómodo y evitar así todas esas calamidades (fruto de tu imaginación) que podrían ocurrir. Y aquí es precisamente donde el Síndrome del Impostor es más dañino porque dejas de hacer aquello que debes hacer para seguir creciendo.

Y lo que es peor: muchas veces, si no aceptas los retos por falta de confianza, nunca sabrás de lo que realmente eres capaz y estarás desaprovechando una gran oportunidad para transmitir tu mensaje a más personas que se pueden beneficiar de él.

Abandona tu zona de confort. No eres un impostor. Acepta el reto y, sobre todo, no tengas miedo.

Conclusión

Bueno, pues hasta aquí hemos llegado.

Y tú, querido Lector, ¿has sufrido el Síndrome del Impostor? Si quieres, cuéntanos cómo lo venciste.

Como siempre, gracias por leer y si te ha gustado el artículo ¡Por favor no te olvides de compartir!

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