En estos momentos, Facebook.com cuenta con más de 400 millones de usuarios activos que pasan más de 500.000 millones de minutos al mes en el sitio. Con estos datos, parece altamente improbable que la posición de supremacía que ostenta la compañía de Mark Zuckerberg se vea erosionada a corto plazo, pero en los últimos meses se han comenzado a divisar fisuras.

Como bien es sabido por muchos observadores, la política de privacidad de Facebook es una compleja telaraña de cláusulas prácticamente inteligibles diseñadas – muy probablemente – para que sólo los usuarios más pacientes y eruditos comprendan sus implicaciones. Además, en más de una ocasión la empresa de Palo Alto ha modificado radicalmente estas políticas – así como las opciones de privacidad que rigen por defecto – creando más confusión entre los usuarios que se percataron del cambio. Seguramente vendrán más cambios en esta línea, ya que la base de crecimiento y monetización de Facebook se sustenta precisamente en la apertura de su información.

Si uno asume, como sucede con Twitter, que toda la información personal que publiques en Facebook muy posiblemente verá la luz pública antes o después, entonces no hay problema. Ahora bien, si uno da por hecho que su actividad privada en Facebook jamás podrá ser accedida por personas ajenas a su círculo de amistades, la Ley de Murphy – y la trayectoria de Facebook – sugieren que alguno se llevará una desagradable sorpresa.

Por otro lado, si uno se fija, el objetivo último de Facebook parece centrarse en crear una Internet “paralela” dónde sólo te podrás comunicar con amigos y/o clientes si ellos también forman parte de esta red. ¿Te gusta un blog? Tienes que estar en Facebook para compartirlo. ¿Quieres comentar un producto que has comprado? Utiliza el botón de “Me Gusta” pero sólo podrán verlo aquellas personas que estén en Facebook. ¿Buscas información sobre alguien? Sorry, tienes que estar registrado en Facebook para verlo… Y así sucesivamente.

La combinación de ambos factores ha llevado a varios comentaristas de muy alto perfil en EEUU a impulsar – de forma directa o indirecta – diferentes alternativas a Facebook, entre ellas el Proyecto Diáspora: un programa de código libre diseñado para fomentar una red social descentralizada y privada como alternativa a Facebook. Este proyecto fue anunciado en abril de 2010 por un puñado de estudiantes universitarios que en pocas semanas obtuvieron más de 200.000 US$ procedentes de varios miles de donantes particulares para financiar su proyecto.

¿Triunfará Diáspora sobre Facebook? Creo que esa no es la cuestión, pero lo que sí parece plausible es que el gigante invencible pueda ver su posición de mercado seriamente erosionada por sus propias imprudencias.

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