Quizás una de las lecciones más valiosas (y con mayor aplicación práctica) que uno puede aprender estudiando historia, es que ésta tiende a repetirse. En concreto, el ser humano suele tropezar una y otra vez sobre la misma piedra, y la historia reciente de Internet parece confirmar esta tendencia.
 
Hace algunos años, muchas empresas del sector comenzaron a manifestar cierta inquietud (léase “terror”) por el inmenso poder e influencia de Google. Medios de comunicación, tiendas online, redes sociales, blogs… En mayor o menor medida, todas estas empresas dependían del gigante de Mountain View para captar audiencia (orgánica o pagada) y para monetizar su tráfico.
Cada vez que Google anuncia cambios en sus algoritmos de búsqueda, más de uno nos echamos a temblar. Matt Cutts publica un vídeo en YouTube, y cientos de miles de expertos escudriñan cada palabra y cada gesto en un intento de adivinar por dónde irá el Sagrado Algoritmo antes de que sea demasiado tarde. Por no hablar de las historias de terror sobre empresas que han llegado a perder el 80% de su tráfico quedando prácticamente aniquiladas después de la entrada en vigor del archi-enemigo Google Panda.
A pesar de todo ello, creo que esencialmente Google no es ni más ni menos que una herramienta de búsqueda. Una gran ayuda para la captación de tráfico, qué duda cabe, pero tu dependencia de Google será proporcional a los recursos que hayas dedicado a optimizar tu página para el buscador en lugar de optimizar tu página para el Usuario (que al fin y al cabo es quien tiene que recomendar tu negocio y visitarte una y otra vez). Dicho de otra forma: Google “sólo” puede afectar la existencia de tu negocio haciendo que éste sea más difícil de encontrar… en Google. Ni más, ni menos. La amenaza es seria, especialmente para aquellos que han invertido mucho en posicionamiento SEO. Sin embargo, la vida sin Google es posible para otros que también han dedicado recursos a crecer su tráfico de forma orgánica, construyendo una presencia sólida en redes sociales y ofreciendo al Usuario un valor añadido para que él solito vuelva una y otra vez.
Muchos dueños de páginas web temen a Google, pero yo creo que al que hay que temer de verdad es a Facebook. En mi opinión, si Facebook se sale con la suya, la web tal como la conocemos dejará de existir… Su visión implica necesariamente la construcción de un Internet “paralelo”, donde todo sucede por, para y dentro de Facebook. Te comunicas en Facebook, sustituyes el correo electrónico por la mensajería instantánea de Facebook, compartes tus fotos y tu música en Facebook (y dentro de poco tus películas), lees y comentas las noticias del día en Facebook, compras en Facebook, demuestras tu activismo social en Facebook, juegas a los juegos de Facebook, anuncias tu negocio en Facebook porque tiene una cobertura impresionante y unas excelentes posibilidades de segmentación, y por último lo pagas todo con Facebook Credits. Por si esto fuera poco, utilizas tus credenciales de Facebook para acceder a la práctica totalidad de sitios que visitas en Internet que no son Facebook, cediendo en el proceso un volumen hermoso de información y datos personales para retro-alimentar todo el proceso y aumentar tu compromiso con esta red paralela.
Si pensamos que en apenas 8 años Facebook ha ido de la nada a 900 millones de usuarios que dedican una media de 23 minutos y generan aproximadamente 3.200 millones de “Me Gusta” y comentarios al día, es comprensible que cualquiera se plantee seriamente trasladar buena parte de su negocio (si no todo) a Facebook; ¿Por qué no iba a hacerlo, si todo el mundo está en Facebook? Básicamente lo mismo que comenzamos a ver en su día con Google, sin embargo en esta ocasión las consecuencias de quedarse fuera de Facebook por un cambio más o menos arbitrario en sus políticas de uso (a lo Google Panda) son infinitamente mayores que fueron en su día las consecuencias de apearse de Google.
Si tu tienda online deja de estar entre los primeros resultados de Google debido a un cambio de criterio en sus algoritmos de indexación, tienes un problema, pero aún queda esperanza. Sin embargo, si la ambición de Facebook de crear ese Internet paralelo se materializa, un cambio de criterio en sus términos y condiciones puede implicar la muerte de tu negocio: una patada en el trasero que como ex-historiador me recuerda a los excomulgados por la iglesia o a las expulsiones de leprosos y enfermos de peste negra en la Europa del Siglo XIV.
Evitemos que la historia se repita. Aprovechemos el crecimiento de redes sociales como Facebook para contribuir al crecimiento de nuestro negocio, pero no caigamos en la tentación de darle las llaves de nuestra casa.

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