Estoy un poco triste, querido Lector. Verás, resulta que recientemente he sufrido un pequeño revés en mi negocio (o un fracaso empresarial en toda regla, según se mire).

Sí, sí, no te vayas a creer que a mí me sale todo bien…

No te creas que porque tengo una cierta experiencia en esto del marketing online y me dedico a los negocios digitales desde hace unos cuantos años (17, concretamente) soy inmune al fracaso empresarial.

Todo lo contrario.

De hecho, la historia está repleta de negocios fracasados y emprendedores que fracasaron. Las causas y consecuencias de estos fracasos empresariales nos pueden enseñar lecciones muy valiosas, aunque frecuentemente preferimos centrarnos en los casos de éxito.

Como te he dicho miles de veces —aquí en el blog y también en el podcast de La Academia de Marketing Online— en los negocios digitales avanzan los emprendedores que más hacen y no necesariamente los que más saben, ni los que menos errores cometen.

El camino del éxito empresarial está plagado de obstáculos, barreras, trampas, retos y minas antipersona ocultas en los lugares más insospechados; y cada paso al frente multiplica el riesgo de pisar una de esas minas.

Cada idea innovadora y cada iniciativa ilusionante abre un bonito abanico de posibles tropiezos, traspiés, calamidades y desastres empresariales.

He pisado muchas minas en mi trayectoria como emprendedor (aunque estoy seguro de que me quedan unas cuantas más), y sin duda tú también pisarás las tuyas: acuerdos de colaboración que no terminan de materializarse, promesas que se quedan en agua de borrajas, invitaciones que se cancelan, oportunidades que se desvanecen, amigos que te dan la espalda en el peor momento posible, tigres de papel, castillos de naipes que se vienen abajo en cuanto corre el aire…

Puedes estar completamente seguro de que buena parte de eso te va a ocurrir también a ti. En algún momento, tu negocio irá mal. Y aunque no te lo creas, ¡es mejor así! Porque si no fallas con cierta frecuencia, probablemente es porque no estás haciendo lo suficiente para crecer.

Los fracasos empresariales se producen por distintas causas, y generan consecuencias de distinta magnitud: algunos fracasos empresariales no son más que pequeños tropiezos inofensivos sin demasiada importancia, mientras que otros te obligarán a cerrar tu negocio e incluso pueden llevarte a la ruina (hay fracasos empresariales famosos y muy sonados).

Sin embargo, hoy no quiero hablarte de las causas que pueden hacer fracasar un negocio (aquí tienes tres), sino de las consecuencias del fracaso empresarial y, concretamente, cómo reaccionar ante un problema en tu empresa y qué hacer cuando el negocio va mal.

Estos valiosos consejos para emprendedores te ayudarán a ver las cosas desde otra perspectiva y superar cualquier derrota o fracaso en tu negocio.

Al fin y al cabo, más allá de tratar técnicas de generación y monetización de Audiencias, sabes que La Academia de Marketing Online es una especie de gabinete psicológico donde tratamos lo que a mi juicio es el ingrediente más importante de todos para construir un negocio de éxito en Internet: la mentalidad del emprendedor.

Espero que este pequeño estudio sobre el fracaso empresarial resulte tan terapéutico para ti como lo es para mí, y que mi experiencia te ayude a superar tus propias derrotas empresariales.

Que empiece la fiesta.

Fracaso Empresarial

Pero, ¿realmente es un fracaso empresarial?

Por alguna extraña razón, una buena parte de los emprendedores que conozco somos expertos en el inútil arte de ahogarnos en un vaso de agua.

No me preguntes por qué —quizás es porque somos excesivamente perfeccionistas— pero frecuentemente nos lamentamos por problemas empresariales que todavía no se han materializado y perdemos el sueño pensando en cómo superar un revés o fracaso empresarial antes incluso de que se haya producido.

De hecho, es muy probable que según vayas leyendo esto, tu cerebro esté barajando (de forma automática y subconsciente) siniestros escenarios y posibles fracasos empresariales que podrían producirse en tu negocio.

Atención al uso del condicional.

Por tanto, mi primer consejo para emprendedores (y algo que deberías considerar antes de seguir leyendo) es verificar si efectivamente y objetivamente ese fracaso empresarial se ha terminado de  producir.

Visto así puede parecer obvio, pero créeme: en la práctica no lo es tanto y muchas veces te vas a preocupar por  las consecuencias del fracaso empresarial antes de que dicho fracaso se haya materializado.

madres emprendedoras

Imagen cortesía de Pixabay

A veces, las cosas tienen que ponerse muy feas antes de arreglarse y no es extraño que las dificultades más exigentes en tu negocio se presenten, precisamente, cuando te encuentras en la antesala del éxito.

En este sentido, un aparente fracaso empresarial como por ejemplo un “NO” aparentemente rotundo e irreversible de un Cliente potencial quizás significa “ahora mismo no, pero quizás sí más adelante” o “no a ese precio, pero sí podría ser bajo otras condiciones”.

En resumidas cuentas, antes de vestirte de luto riguroso y comenzar el proceso de duelo por ese aparente fracaso en tu negocio, yo te recomiendo pensar de la forma más objetiva posible si el asunto en cuestión todavía tiene arreglo.

No te pongas la venda antes de la herida, y no pierdas el tiempo aprendiendo a superar un fracaso empresarial cuando tal fracaso todavía no ha tenido lugar.

Te recuerdo que una de las principales características de los emprendedores más exitosos es que aprenden lo que necesitan, cuando lo necesitan y ni un minuto antes.

El fracaso empresarial como oportunidad de aprendizaje

Vale. Puede que al fin y al cabo tuvieras razón, y efectivamente has metido la pata o te has estrellado irremediablemente. Ya no hay solución, así que podemos pasar al siguiente paso.

Cuando se haya certificado ese fracaso empresarial —cuando efectivamente se haya confirmado de forma absolutamente irreversible y sin ningún género de dudas que en esta ocasión no te has salido con la tuya— suele ser útil pensar en las causas del fracaso empresarial en lugar de recrearse en sus posibles consecuencias, en los efectos potencialmente drásticos (que luego en realidad no suelen ser para tanto) y en saborear la amargura de la derrota.

Como dice un clásico refrán británico, golpear a un caballo muerto carece de sentido práctico.

No es que me entusiasme la expresión —de hecho, hasta cierto punto me repugna— pero en su esencia tiene sentido, y a efectos prácticos más todavía.

Hablando de anglosajones, cuando trabajaba en un banco de inversión de la City londinense allá por los años noventa (¡cómo pasa el tiempo!), después de cada operación —independientemente de si el resultado había sido satisfactorio o no— se realizaba un “post-mortem”, una autopsia o un caso de estudio para identificar posibles áreas de mejora.

Más allá de las transacciones financieras de altos vuelos, las operaciones militares también concluyen con un “debriefing” y las comisiones de investigación (por lo menos aquellas que verdaderamente tienen como objetivo detectar fallos) concluyen con un informe de recomendaciones más o menos riguroso.

Ejemplos De Fracasos Empresariales

Imagen cortesía de Pixabay

Cuando las cosas salen bien, pero especialmente cuando salen mal, conviene analizar por qué.

¿Qué ha sucedido?

Si se ha producido un simple desliz, un revés más serio o una debacle empresarial en toda regla, ¿podías haber hecho algo de forma distinta para revertir la situación?

Es normal equivocarse y, de hecho, cometer errores es un componente absolutamente esencial en el proceso de aprendizaje. Pero es un componente esencial no porque sí, sino porque sólo cuando aprendemos de nuestros errores podemos corregir el rumbo, cambiar los hábitos y obtener mejores resultados en el futuro.

Hay muchas cosas que puedes hacer cuando un negocio va mal, pero por regla general hacer lo mismo que te llevó a esa situación es lo único que NO deberías hacer.

Porque si cometemos los mismos errores una y otra vez —si tropezamos continuamente con la misma piedra— ya no es aprendizaje sino estupidez.

Por cierto, si te interesa explorar en más profundidad cómo algunos negocios aceptan y aprenden de sus fracasos empresariales mientras que otros tienden a ocultar sus errores bajo la alfombra, te recomiendo el libro Black Box Thinking de Matthew Syed.

Entiendo perfectamente que la teoría es fácil de comprender, y que cuando uno ha sufrido un varapalo en su negocio lo último que le apetece es alegrarse por la gran oportunidad formativa, pero me temo que no hay mucha más opción.

Las cosas han salido mal de todas formas, lo único que está en tu mano ahora mismo es extraer alguna lección positiva para que en la medida de lo posible no vuelva a suceder.

El varapalo del fracaso empresarial: Expectativas Vs. realidad

Los errores, las derrotas, las equivocaciones y los fracasos empresariales no dejan de ser conceptos bastante subjetivos al fin y al cabo, ¿no crees?

Me explico.

Si un buen día consigues clasificarte para correr los 100 metros lisos en los Juegos Olímpicos, pero terminas quedando sexto en la prueba, probablemente tu primera reacción como deportista ultra-competitivo sea más bien negativa…

¡Oh Cielos Santos, SEXTO, menudo fracaso!

En cambio, si tienes en cuenta la proeza que supone representar a tu país en unos Juegos Olímpicos y estar en disposición de disputar una final, el mero hecho de participar ya se puede interpretar como un éxito en toda regla.

Supongo que lo mismo sucede cuando un jugador de fútbol marca un hat-trick en una gran final, pero falla el penalti que hubiera supuesto su cuarto gol.

Hasta cierto punto, los conceptos de éxito y fracaso dependen del color del cristal con el que se mire, y de si optamos por ver el vaso está medio-lleno o medio-vacío.

Una vez más, la mentalidad del emprendedor salta en escena…

Causas Del Fracaso Empresarial

Imagen cortesía de Pixabay

Sucede exactamente lo mismo en el mundo de los negocios.

Si analizamos la situación fríamente, un fracaso empresarial significa que tenías unas expectativas —cerrar un acuerdo concreto, ganar una cantidad concreta de dinero online, lograr algún tipo de hito— y la terca realidad ha ido por otro camino.

¿Cabe la posibilidad de que esas expectativas que tenías fueran excesivamente ambiciosas o quizás incluso completamente irrealistas?

¿Es posible que en tu cabeza hubieras vendido la piel del oso antes de cazarlo, o que quizás pensaste demasiado en lo que harías con el dinero cuando hubieras vendido esos cántaros de leche, antes de llegar al mercado?

¿Quizás pretendías llegar a la luna y te quedaste a medio camino, orbitando una estrella cercana?

Si es así,  quizás esa pseudo-derrota empresarial no lo es tanto, y en realidad lo único que necesitas es volver a calibrar tus expectativas, haciéndolas más compatibles con la realidad actual de tu negocio, tus recursos, la experiencia adquirida y tu situación en el momento actual.

Cuidado, eso no significa que la realidad no pueda cambiar en el futuro (quizás incluso en un futuro muy cercano) pero no puedes poner en órbita una piedra lanzada desde un tirachinas.

Se puede hacer, claro que sí, pero necesitas otro tipo de herramientas.

Antes del fracaso empresarial no eras tan bueno (ni ahora eres tan malo)

Cualquier aficionado al fútbol sabe que la temporada es más larga que un día sin pan, y prácticamente todos los equipos atraviesan rachas buenas y rachas malas.

Por eso (entre otras cosas) procuro nunca reírme de los rivales que están pasando un mal momento. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.

Antes o después te tocará a ti.

Inevitablemente, cuando concluye una buena racha y se pincha la burbuja de X partidos sin perder, nunca falta el jugador o entrenador de turno con la manida frase de que “ni antes éramos tan buenos, ni ahora somos tan malos”.

Y una vez más, sucede exactamente lo mismo con las derrotas empresariales.

Obviamente pueden existir excepciones, pero probablemente ese fracaso empresarial no implica la destrucción completa de tu negocio. A lo mejor no tienes que cerrar tu negocio.

De igual manera, si no se hubiera producido ese error o fracaso, probablemente tampoco hubieras ganado la medalla de oro al mérito empresarial.

Los negocios, querido Lector, tienen vida propia y no son algo estático ni binario.

Los negocios en Internet nacen, crecen, se contraen, cambian, se bifurcan, vuelven a unirse, pivotan, cambian de rumbo, avanzan, retroceden…

El camino del emprendimiento es largo y tortuoso. Está repleto de curvas y recovecos, aciertos y errores.

Y en mi opinión, uno nunca llega al final.

Siempre hay una nueva puerta por abrir, otras que cerrar y excitantes oportunidades por explorar así que, por un lado, más vale que disfrutes del camino.

Consecuencias De Una Mala Administración Empresarial

Imagen cortesía de Pixabay

Pero por otro lado, lo que significa esto es que lo que realmente importa son las tendencias y la inercia, no un acierto o un fracaso empresarial aislado.

En el gran esquema de las cosas, un fracaso empresarial puntual (al igual que una victoria) no significa absolutamente nada por sí mismo. Nada.

Los negocios triunfan (o fracasan) por una concatenación de múltiples éxitos y derrotas a lo largo del tiempo.

Lo que cuenta es la inercia, y un fracaso de vez en cuando no es más que el resultado natural —y una prueba irrefutable— de que en efecto estás avanzando, que no es poco.

Y hasta aquí hemos llegado.

¿Tienes alguna medicina especialmente efectiva para superar un fracaso empresarial?

¿Qué haces TÚ cuando el negocio va mal o las cosas no salen según lo previsto?

Muchas gracias por tu atención, ¡y estoy deseando conocer tu opinión en los comentarios!

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