¿Por qué lo llaman gratitud cuando quieren decir conformismo?

Cada vez que expreso mi frustración por algo, mi madre —con la mejor intención del mundo— me recuerda que hay miles de niños en el tercer mundo muriéndose de hambre, personas sin hogar deambulando por las calles, enfermos en los hospitales y todo tipo de calamidades.

Esa argucia dialéctica de mamá me provocaba cierto malestar emocional (y no menos sentimiento de culpa) hasta que un buen día descubrí que era un non-sequitur; una falacia argumental donde la conclusión no se desprende lógicamente de las premisas anteriores.

La desafortunada situación de millones de personas en el mundo me despierta un profundo sentimiento de gratitud por las cosas positivas de mi vida, pero de esa reflexión no se desprende que deba renunciar a mis aspiraciones ni que me conforme con lo que tengo.

Post hoc ergo propter hoc: la gratitud no implica conformismo.

El síndrome de la clase media

A todos nos han enseñado de pequeños que es de buen nacidos ser agradecidos, que quejarse es malo, que debemos dar gracias por lo que tenemos y que la ambición desmedida es mala.

Entonces, cuando las cosas no salen según lo previsto en el trabajo, frecuentemente se invoca el suave manto de la gratitud para mitigar la sensación de fracaso.

Gratitud

¿No has conseguido ese aumento de sueldo que te mereces más que nadie?

Bueno —piensas— por lo menos tengo un trabajo.

¿No se ha materializado esa promoción laboral que te habían prometido hace dos años?

Bueno —reflexionas— el puesto de trabajo que tengo ahora tampoco es tan malo.

¿Te suena este razonamiento? Debería, porque está muy, pero que muy, extendido.

Aunque no hayas alcanzado tus objetivos (esas metas que tú mismo te habías fijado), parece que todo se arregla con un poco de gratitud.

De hecho, millones de trabajadores viven en una burbuja de cristal —la burbuja de la clase media— donde la gratitud genera una falsa sensación de comodidad, levanta un escudo de conformismo y termina apagando el espíritu de superación.

Y yo me atrevo a preguntarte —aún a riesgo de navegar contracorriente— ¿está bien así?

Gratitud y conformismo en los negocios

En el mundo de los negocios —y muy particularmente entre los emprendedores— también se confunde la gratitud con el conformismo.

El auge del mindfulness, los diarios de gratitud, las terapias de agradecimiento y la encantación de mantras frente al espejo han exacerbado la confusión, y conviene hacer una distinción.

Gratitud y Conformismo

Imagen cortesía de Pixabay

Para empezar, la gratitud en los negocios es necesaria. No seré yo el que diga lo contrario.

Si quieres sobrevivir la montaña rusa del emprendedor, desarrollar tu capacidad de resiliencia y perseverar hasta alcanzar tus metas, el hábito de la gratitud en cualquiera de sus formatos es fundamental.

Quejarse continuamente por cada fracaso empresarial, por cada revés de la suerte, por cada cosa que sale mal en tu negocio y por lo lejos que estás de tus objetivos no te aportará absolutamente nada, y de hecho es contraproducente.

En cambio, dar las gracias por aquellos hitos que ya has conseguido y expresar gratitud por el camino recorrido (en lugar de quejarte por todo lo que te falta por hacer) tendrá un efecto beneficioso no sólo en tu negocio sino también en tu salud mental.

Ahora bien, la gratitud no implica necesariamente conformismo ni conformidad porque cuando pierdes la curiosidad, el hambre y el espíritu de sacrificio, el problema no es que dejarás de crecer, sino que empezarás a caer.

Conclusión

La gratitud, por tanto, ocupa un papel fundamental en los negocios y el hábito de la gratitud es una cualidad que los emprendedores debemos aprender a cultivar.

Sin embargo, es muy fácil confundir la gratitud con la conformidad —la satisfacción con la complacencia— y las consecuencias para tu negocio pueden ser potencialmente devastadoras.

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