No soy especialmente forofo de las charlas motivacionales, ni de esos fanáticos telepredicadores de la auto-ayuda, porque pienso que en el fondo sólo quieren venderme algo y por cada uno que realmente merece la pena escuchar hay otros 1.000 que viven del cuento (y no siempre es fácil distinguir los unos de los otros).

Sin embargo, de vez en cuando nos topamos con uno de esos que te dejan bastante impactado con su mensaje (sin tener que comprar nada), que te hacen pensar y que potencialmente pueden cambiar tu forma de enfocar la vida.

Para mí, uno de estos descubrimientos ha sido Eric Thomas.

Nacido en 1965 (Arizona), Thomas fue jugador profesional de fútbol americano durante nueve temporadas llegando a militar en prestigiosos equipos como los New York Jets y los Denver Broncos. Sin embargo, antes de alcanzar su sueño de jugar en la NFL, Thomas tuvo serios problemas financieros y llegó a vivir y dormir durante dos años y medio en la calle.

Con el paso de los años Eric Thomas (más conocido como el Hip-Hop Preacher o el Predicador del Hip-Hop en español) ha ido construyendo un verdadero imperio en torno a la auto-ayuda, la motivación de los más desfavorecidos y la pasión por la excelencia.

En la actualidad Thomas imparte charlas, seminarios y conferencias por todo el mundo, y quizás uno de sus relatos más impactantes (cuyas distintas versiones suman cientos de millones de visualizaciones en YouTube) es la del viejo gurú que transmite a su aprendiz el secreto del éxito a través de un método bastante poco convencional.

Sigue leyendo, y te contaré la historia. De verdad creo que merece la pena.

Había una vez un joven emprendedor que quería alcanzar el éxito en su negocio más que ninguna otra cosa en la vida.

El emprendedor lo había hecho todo bien hasta el momento: había descubierto un nicho de mercado muy rentable y con mucho volumen (que además le apasionaba), había construido un blog estéticamente precioso y funcional, llevaba varios meses publicando contenido épico, y poco a poco comenzaba a acumular Lectores entusiasmados con lo que tenía que contar…

Sin embargo, nuestro joven emprendedor todavía estaba lejos de su objetivo y su blog apenas estaba generando un par de cientos de dólares al mes; una cifra insuficiente para dejar su trabajo y dedicarse full-time a su incipiente negocio en Internet.

El joven emprendedor, reconociendo que necesitaba ayuda para llevar su proyecto al siguiente nivel, decidió pedir consejo a un “gurú” del marketing digital que aparentemente convertía en oro todo lo que tocaba:

– “Quiero que mi proyecto tenga tanto éxito como los tuyos. Necesito multiplicar mi audiencia y mis ingresos, y haré todo lo que me digas para conseguirlo…”

A lo que el veterano experto en marketing digital respondió:

– “Si quieres que te revele el secreto del éxito, reúnete conmigo mañana a primera hora en la playa y aprenderás todo lo que necesitas saber para conseguir tu objetivo.”

Así que el joven emprendedor, fiel a su cita, estaba en la playa a las 04:00 a.m. el día siguiente preparado para aprender el secreto del éxito que le permitiría finalmente dejar su aburrido trabajo y vivir de su negocio en Internet. Su mentor, el experto en negocios digitales que aparentemente convertía en oro todo lo que tocaba como por arte de magia, estaba ya esperándole en la orilla y le preguntó:

– “¿Cuántas ganas tienes de triunfar? ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar para alcanzar el éxito? ¿Cuántas ganas tienes de atraer a millones de Usuarios y de multiplicar tus ingresos? ”

El joven emprendedor, muy confiado, respondió al instante:

– “Quiero alcanzar el éxito más que ninguna otra cosa en el mundo. Me cambiaría la vida por completo; podría trabajar haciendo lo que más me gusta, sin jefes ni horarios, con libertad absoluta y tomando mis propias decisiones sin tener que contar con nadie. Sé que sería completamente feliz, así que estoy dispuesto a hacer lo que sea para conseguirlo.”

El viejo gurú (y mira que odio ese nombre, pero es lo que era) se metió en el agua y le pidió al joven emprendedor que le acompañara.

A esa hora de la mañana el agua estaba congelada, y el joven emprendedor pensó que se había equivocado pidiendo consejo a ese loco. No sólo no iba a aprender nada de valor, sino que iba a coger una pulmonía. Este hombre podía haber tenido incontables éxitos en sus negocios, pensó, pero estaba mal de la cabeza.

Poco a poco el experto se iba introduciendo más y más en el mar (cada vez más profundo) pidiendo al joven conato de emprendedor que le siguiera.

– “Vine aquí esta mañana para que me enseñaras a triunfar, porque quiero alcanzar el éxito, no para aprender a ser socorrista.”

Ante las continuas dudas y reproches del joven emprendedor, su mentor le preguntó:

– “Pensé que me habías pedido ayuda porque querías saber lo que hace falta para triunfar, para conseguir tus objetivos. Si todavía es lo que quieres, más que ninguna otra cosa en el mundo como tú mismo has asegurado, acompáñame un poco más adentro…”

A regañadientes, el joven aspirante a emprendedor siguió avanzando.

Cuando ya apenas hacía pie, el mentor súbitamente le sujetó con fuerza y sumergió su cabeza bajo el agua agarrándole con fuerza para que no pudiera salir. El joven emprendedor pataleaba y trataba de zafarse, pero el viejo gurú le impedía sacar la cabeza para respirar.

Justo cuando el joven emprendedor pensaba que estaba a punto de desmayarse debido a la falta de oxígeno, el viejo gurú le soltó permitiéndole sacar la cabeza de debajo del agua y tomar una larga bocanada de aire…

– “¿Para qué has hecho eso? ¡Casi me ahogas!”

A lo que el mentor replicó:

– “Cuando tengas tantas ganas de triunfar como tenías hace un momento de respirar, entonces lo conseguirás.”

Después de contar esta historia (puedes ver el vídeo con subtítulos aquí), Eric Thomas pregunta al público si alguna vez han padecido un ataque de asma.

Ante una emergencia médica de estas características, cuando parece que el aire no entra en tus pulmones, lo único que te preocupa es respirar. No te importa lo que pongan en la tele esa noche, ni lo que vas a cenar, ni cuántas horas vas a dormir, ni cómo de cansado estás. No te preocupa salir de compras, ni piensas en irte a tomar una cerveza con los amigos.

Cuando te estás ahogando solamente te importa respirar, y no piensas en otra cosa.

Y esa es la clave del éxito, no hay más.

Muy poca gente está dispuesta a renunciar a todo para triunfar (y de hecho la mayoría no está dispuesta a renunciar a nada), porque al fin y al cabo somos seres humanos y necesitamos un equilibrio. Necesitamos tiempo de ocio, necesitamos amigos, necesitamos comer y dormir, necesitamos a nuestra familia, necesitamos amigos y seres queridos…

Y todo eso está muy bien, y sin lugar a dudas hay personas que han alcanzado el éxito en sus negocios sin renunciar a nada en absoluto, pero cuantas más cosas “necesites” menos tiempo tendrás para conseguir tus objetivos.

En general, cuando estudiamos la vida de esas personas que han conseguido logros importantes en la vida, siempre han tenido que tomar decisiones duras. Siempre han tenido que renunciar a cosas.

Es duro darse cuenta de esto, y si somos sinceros con nosotros mismos muchas veces descubriremos que realmente no estamos dispuestos a renunciar a nada para conseguir nuestros sueños: Esa horita de Walking Dead antes de irse a la cama, esa partidita a la PlayStation, ese partido de fútbol con los amiguetes el sábado, las copitas del viernes, dormir hasta el mediodía el fin de semana porque al fin y al cabo estás cansado de la semana y te lo mereces…

Y nuevamente digo: Todo esto está muy bien. Y desde luego nadie te pide que renuncies a ello. Puedes lograr grandes cosas sin renunciar a nada, pero sin un mínimo sacrificio lo más probable es que te quedes a medias y no lo consigas.

La pregunta es:

¿Cuál es tu objetivo y cuántas ganas tienes de conseguirlo?

Cuando lo anheles tanto como el ansia de respirar después de pasar dos minutos sumergido bajo el agua, entonces lo conseguirás.

Este artículo apareció primero en OscarFeito.com.

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