La historia de Raspberry Pi comienza hace 6 años en la Universidad de Cambridge cuando Ebon Upton, profesor perteneciente al equipo de admisiones de la universidad, detectó que los conocimientos técnicos de los alumnos que solicitaban plaza para estudiar ingeniería informática eran cada vez más flojos y se limitaban a conocimientos básicos de HTML, herramientas ofimáticas y poca cosa más.
 
A pesar de que los ordenadores se han convertido en herramientas imprescindibles para nuestro día a día, a Upton le llamó la atención que a los jóvenes universitarios cada vez les interesa menos la programación de base y trastear con las entrañas de los ordenadores: 2 ingredientes esenciales en la revolución tecnológica que se produjo a mediados del Siglo XX gracias a la curiosidad de empresas como Microsoft o Apple.
Upton, sin embargo, no fue el primero en darse cuenta de esta tendencia y de las peligrosas repercusiones que podía tener para la innovación tecnológica a largo plazo. Además de iniciativas como “One Laptop per Child”, el gobierno británico ya había comenzado a propugnar la utilización en las aulas de un lenguaje de programación llamado ‘Scratch’ – y cursos de informática aprobados por Microsoft y Google – para interesar a los jóvenes en el funcionamiento de los ordenadores y no sólo en la capa visible de las aplicaciones que utilizan diariamente a través de Internet o del teléfono móvil.
Así, Eben Upton creó la fundación sin ánimo de lucro Raspberry Pi con algunos colegas del mundo académico, con el objetivo de construir y distribuir un ordenador de bajo coste que pudiera utilizarse para aprender a programar y devolver a los jóvenes el interés en explorar el funcionamiento de los ordenadores. Un ordenador tremendamente barato que pudiera utilizar un niño pequeño sin temor a romperlo, y que incluso pudiera distribuirse en mercados emergentes para estudiantes con menor poder adquisitivo.
El Raspberry Pi, que sale hoy a la venta inicialmente a través de los distribuidores Premier Farnell y RS Components, tiene el tamaño de una tarjeta de crédito, no viene con monitor ni teclado, y su componente más interesante es un chip de Broadcom que alberga un procesador ARM de 700 Mhz y una unidad de procesamiento gráfico comparable con la que podemos encontrar en el iPhone 4. La unidad (que a primera vista no parece un ordenador, pero de eso se trata) también tiene salidas de vídeo compuesto y HDMI, puerto ethernet (sólo en uno de los 2 modelos), dos puertos USB 2.0, salida de audio vía puerto de 3.5 mm (auriculares o altavoces), y 256 Mb de RAM. El Raspberry Pi funciona mediante 4 pilas AA o mediante un cable USB conectado a la corriente eléctrica, y el sistema operativo está basado en Linux.
Las primeras unidades del Raspberry Pi costarán 35$ (posteriormente se lanzará un modelo por 25$), y se espera que en torno a este producto florecerá una boyante comunidad de desarrolladores de todo tipo.

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