El artículo de hoy es muy especial, querido Lector. Probablemente es el más importante de todos los que he publicado desde el lanzamiento de La Academia de Marketing Online, allá por el verano de 2009 (y suman ya unos cuantos).

Si escuchas mi podcast de marketing online y negocios en Internet (disponible en iTunes  y Stitcher Radio) ya conoces la noticia: hace algunas semanas tomamos la difícil decisión de cerrar Shopall; el negocio de publicidad contextual que fundé junto a otros dos socios en 2001, y que pasó a manos del Grupo Antevenio en diciembre de 2009.

¡Cuánto ha llovido desde el nacimiento de esa startup!

Participé en la creación de Shopall, en el desarrollo intelectual y la comercialización de todos sus productos, en su gestión, en su posterior integración como unidad de negocio dentro del Grupo Antevenio, y ahora, en su cierre.

Evidentemente es emotivo, ya que los últimos 14 años de mi vida han estado inexorablemente ligados a esa pequeña startup con sede en Barcelona.

Shopall ha sido el denominador común de muchos momentos cruciales en mi vida incluyendo mi independencia financiera, mi primera startup, mi matrimonio, el nacimiento de mis hijos… Shopall ha sido mi bebé; un hilo conductor que ha estado presente durante casi el 40% de mi vida.

Y ahora toca romper con ese cordón umbilical, decir adiós y emprender nuevos horizontes profesionales…

Cuando me preguntan qué siento en estos momentos, mi respuesta es:

5 partes de miedo, y 95 partes de ilusión

Tengo miedo a lo desconocido, miedo al fracaso, miedo a defraudar a mis seres queridos en esta nueva etapa y – sobre todo – miedo a decepcionarme a mí mismo.

Pero también siento muchísima ilusión. Más ilusión de la que he sentido en mucho, mucho tiempo.

Tengo varios proyectos empresariales en distintos grados de maduración, y plena confianza en mi capacidad para llevarlos a cabo (al fin y al cabo, estoy convencido de que la experiencia práctica adquirida durante los últimos años es el equivalente de no uno sino varios MBAs.)

Pero por encima de todo tengo la ilusión de predicar con el ejemplo aquí en La Academia de Marketing Online, de seguir aprendiendo y enseñando, de sostener las riendas de mi propio destino y de tener la oportunidad, las ganas y los conocimientos necesarios para volver a hacer algo grande por mí mismo.

Tengo ganas de volver a emprender, y estoy más preparado que nunca para hacerlo.

Emprendedor Hoy

Cada uno tiene su momento, y este tipo de decisiones no se toman a la ligera. Requieren un periodo de maduración.

Pero si tú sientes un gusanillo parecido en tu interior, y llevas tiempo dándole vueltas a la posibilidad de dar el salto hacia el autoempleo, quizás estas 8 razones te ayuden a tomar la misma decisión que he tomado yo.

Nuestro tiempo en esta vida es limitado

Mark Twain – el popular escritor estadounidense – aseguró que cuando pasen 20 ó 30 años y echemos la vista atrás nos arrepentiremos más de las cosas que no hicimos que de las que hicimos.

Steve Jobs – el archiconocido fundador de Apple – vino a decir básicamente lo mismo (de forma más elocuente, eso sí) en su ya célebre discurso a los recién licenciados de la Universidad de Stanford en 2005:

“Tu tiempo aquí es limitado, así que no lo malgastes viviendo la vida de otros. No te dejes atrapar por el dogma, es decir vivir con el resultado del pensamiento de otras personas. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición. Ellos ya saben de algún modo lo que debes hacer. Todo lo demás es secundario.”

Estoy seguro de que mis vecinos, la amiga de mi esposa, y ese familiar lejano con quién sólo coincido en bodas, bautizos y comuniones piensan que todo esto son mamarrachadas.

Muchos piensan que lo que realmente debemos hacer en esta vida es trabajar de sol a sol (eso sí, con una hora de descanso para comer) y dejarnos la vida trepando la escalera corporativa hacia ninguna parte. Esa escalera tan codiciada en nuestra sociedad moderna.

Debemos trabajar de forma incesante para una gran corporación, aparcando todos nuestros sueños y anhelos hasta nuestra jubilación (cuando probablemente no tengamos la capacidad física ni mental para llevarlos a cabo).

Debemos pasar 12 horas al día lejos de nuestros hijos, aún sabiendo en el fondo de nuestro corazón que cuando queramos dedicarles el tiempo que necesitan probablemente se avergonzarán de darnos la mano en público.

La opinión mayoritaria considera que las cosas funcionan así, y que no tenemos otra opción más que adaptarnos a ella. La seguridad laboral es un valor en alza, el riesgo no. Las cosas son así, y no se pueden cambiar.

Me van a disculpar, pero llegados a este punto la opinión mayoritaria me da igual.

Admiro más a Mark Twain y a Steve Jobs que a mi vecino, a la amiga de mi esposa y a ese familiar lejano juntos.

Aunque me quede a mitad de camino y nunca pueda emular los pasos de grandes creadores, estoy dispuesto a intentarlo porque al fin y al cabo sólo hay una cosa segura: cada hora de cada día que pasa tenemos menos tiempo.

No es por ponerme melancólico, querido Lector, pero la vida es demasiado corta para que el único momento del día que te ilusiona sea el momento de irte a casa. La vida es demasiado corta para amanecer cada día sin ilusión, o temer los lunes porque comienza otra semana igual que la anterior.

Respeta tu patrón de productividad

Disculpa la ordinariez, ¿pero acaso todos los días vas al cuarto de baño a la misma hora?

¿Te acuestas a la misma hora cada noche? ¿Tienes siempre la misma energía? ¿Siempre eres igual de productivo?

Probablemente, no.

Si bien es cierto que nuestros organismos siguen una serie de patrones físicos, mentales y emocionales (los misteriosos biorritmos), hay otras cosas que son meramente costumbres adquiridas a fuerza de repetición, o hábitos que se pueden hacer y deshacer.

Personalmente creo que eso de estar 8 horas al día sentado frente al ordenador por sistema (y un par de horas más viajando entre nuestro hogar y el puesto de trabajo) es mortal para la productividad.

Hay personas que son especialmente productivas por la mañana, otras que lo son por la tarde, y otras (entre las que me incluyo) que lo son durante la noche o a altas horas de la madrugada.

Qué le vamos a hacer. Cada persona es un mundo, y si por obligación debes rendir ocho horas diarias con un horario inflexible y preestablecido, posiblemente estarás desaprovechando tus momentos del día de mayor potencial.

Planificar Tu Contenido

Imagen cortesía de Pexels

¿Te has dado cuenta que tus mejores ideas – las más creativas – frecuentemente vienen cuando estás fuera del trabajo? ¿Quizás durante los fines de semana o por la noche cuando la mente está más despejada?

¿Y no hay veces que te sientas frente al ordenador en tu puesto de trabajo, y tienes que leer las cosas varias veces porque tienes la cabeza en Marte y te cuesta horrores procesar la información?

Organizar tu propio ritmo de trabajo en función de tus picos de productividad no implica necesariamente trabajar menos horas al día como pueden pensar muchos, sino tener la libertad de distribuir tu carga de trabajo en función de los momentos más propicios para maximizar tu rendimiento.

El objetivo no debería de ser cumplir un horario de trabajo, sino completar los objetivos marcados para el día y además disfrutar de ello.

Según mi propia experiencia (y llevo casi dos décadas trabajando tanto para grandes multinacionales como Deutsche Bank o Terra Networks, como en mis propios proyectos) si eres una persona responsable esta distribución del tiempo es perfectamente posible.

Poder de decisión (y equivocación) 

Hay pocas cosas más gratificantes en la vida que aprender cosas nuevas, descubrir nuevos horizontes y superarse a uno mismo.

De hecho, estos 3 ingredientes son la esencia misma del progreso profesional y personal.

Equivocarse forma parte del proceso de crecimiento y aprendizaje, pero para poder equivocarse (y por ende para poder aprender) es necesario tomar decisiones. Algunas veces estas decisiones serán acertadas, y otras no. Pero hay que tomar decisiones.

Yo he tenido la gran suerte de tener trabajos con una buena carga de responsabilidad, pero desgraciadamente no siempre sucede lo mismo.

Aún así, por mucha capacidad de decisión que tengas en un trabajo “convencional”, nunca será equiparable a la libertad de obrar (y de equivocarte) que tendrás siendo tu propio jefe.

Se acabaron las excusas, las reuniones interminables, pasarle el muerto a otra persona, y estar protegido por el acogedor entorno corporativo.

Cuando emprendes tus propios proyectos debes tomar decisiones absolutamente críticas desde el primer día, y el grado de satisfacción que esto reporta es incalculable.

Desde luego volarás como un cohete, porque las decisiones dependen exclusivamente de ti. En tu mano está volar hacia las estrellas, o estrellarte contra el muro más cercano.

Más focus y menos distracciones

Reconozco que nunca he sido una persona demasiado sociable.

Aún así, considero que me adapto bien a los entornos laborales convencionales y durante mi etapa en las distintas organizaciones donde he trabajado he hecho muchos (y muy buenos) amigos.

De hecho, me atrevería a decir que durante toda mi carrera profesional no me he llevado mal ni he tenido una mala experiencia con nadie. No tengo enemigos, y teniendo en cuenta que comencé a trabajar hace 18 años, eso es mucho decir.

Como expliqué en este artículo, la suerte juega un papel decisivo en el eventual desenlace de muchos proyectos, pero el denominador común de las personas más exitosas en el ámbito profesional es el FOCUS.

El FOCUS es una combinación de claridad en la misión (un foco de atención u objetivo nítidamente definido) y un empuje en la ejecución comparable con el hambre con la que una leona en la sabana africana caza a su presa porque sabe que si no lo hace sus cachorros no comerán ese día.

Si la comparativa del león te parece demasiado extravagante o curso, FOCUS también es el acrónimo de “Follow One Course Until Success”; sigue un sólo rumbo hasta alcanzar el éxito.

Lamentablemente, debido a su propia naturaleza y a la gran cantidad de personas con distintos perfiles con quienes tendrás que interactuar a diario, es muy difícil mantener ese FOCUS en un entorno corporativo convencional porque hay demasiadas distracciones (de todo tipo).

No hace falta que entre en detalles, pero si alguna vez has trabajado en una empresa grande o mediana me entenderás perfectamente.

Atención: esto no significa que uno no deba trabajar en equipo, ni que las estructuras corporativas sean necesariamente malas, ni que todas las reuniones sean tóxicas, ni que uno no se pueda divertir en el trabajo. Para nada.

Sin embargo, es muy fácil cruzar la delgada línea roja que separa un ambiente de trabajo agradable, crodial y bien estructurado, de otro carente de FOCUS y donde la pérdida de tiempo está a la orden del día.

Yo no quiero eso.

El mejor momento para emprender es ahora

Querido Lector, si quieres conseguir algo en esta vida (no sólo en los negocios sino también en cualquier otra cosa) te recomiendo que actúes como si tu mejor momento fuera ahora.

Es fácil buscar excusas para posponer decisiones incómodas o difíciles, justificando que ahora no es buen momento. Pero realmente nunca lo es (o siempre, según se mire).

Tu mejor momento es ahora, entre otras cosas porque esos episodios tan felices de antaño que tanto echas de menos ya pasaron. Y por mucho que te prepares para recibir el mañana, me temo que tampoco podemos saber a ciencia cierta lo que nos depara el futuro.

¿No te lo crees? Piénsalo.

Quizás el presente no te parezca demasiado glorioso – especialmente si lo comparas con algún momento destacado de tu pasado – pero estarás de acuerdo conmigo que sólo puedes actuar sobre el presente.

El pasado ya pasó, el futuro es incierto (y en general tiende a complicarse), pero el presente es nuestro. Nos pertenece. Nosotros decidimos lo que queremos hacer con él, y cómo queremos vivirlo.

El Mejor Momento Para Emprender

El valor de la confianza. Imagen cortesía de Pexels

Tanto en este blog como en mi podcast de marketing online insisto una y otra vez que en esto del marketing digital y en los negocios en general triunfa el que más hace y no necesariamente el que más preparado está ni el que más sabe.

Puedes tener las mejores ideas del mundo – y todo el mundo tiene alguna de vez en cuando – pero si no actúas esa idea jamás se convertirá en realidad porque no les has dado una oportunidad de florecer.

¿Sabes una cosa? La falta de autoestima y la permanente indecisión son responsables de más sueños rotos que el fracaso.

Si te pones en marcha, inevitablemente puedes tropezar y caer; pero ese “fracaso” no es más que parte del proceso de aprendizaje al que aludía anteriormente.

Sin embargo, si nunca te pones en marcha – si nunca intentas ejecutar esas ideas tan fantásticas que tienes en la cabeza – desde luego no se convertirán en realidad.

Uno no puede tropezar si no se echa a andar. No hay más que observar a un bebé que comienza a caminar.

¿Y qué tiene que ver todo esto con tu mejor momento? Pues todo.

Resulta que tus mejores momentos en la vida fueron aquellos en los que te sentiste invencible, feliz, realizado y orgulloso de tus propias capacidades. Tomaste una decisión (casarte, tener hijos, presentarte a un examen o a una entrevista de trabajo…) y lo conseguiste.

Esas sensaciones pueden repetirse hoy mismo si pones toda la carne en el asador y lanzas algo que te ilusione de verdad.

Pero hay que empezar. No puedes seguir viviendo de los sueños, ni de los recuerdos, y qué mejor momento para empezar que ahora.

Desde el punto de vista puramente técnico, no hay mejor momento que hoy para erigir tu propio negocio en línea. Para crear algo por tu cuenta, para ganar un dinero extra, o para construir algo realmente memorable que ayude a cientos de miles de personas en todo el mundo.

No hay mejor momento que hoy.

Hoy en día los avances tecnológicos permiten acceder a Internet más rápido que nunca y desde cualquier lugar, de forma que la posibilidad de “trabajar desde casa” nunca fue más real que ahora.

Más allá de la infraestructura, nunca jamás han existido tantos programas, herramientas, utilidades y contenidos gratuitos (o muy asequibles) a nuestra disposición para aprender a hacer prácticamente cualquier cosa que nos propongamos.

Eso de “no sé cómo se hace” ya no es una excusa válida para alguien que tenga un sueño que cumplir.

Cualquiera tiene al alcance de su mano convertirse en la próxima estrella de YouTube, crear un blog referente a nivel mundial, publicar un “best-seller” o atraer a cientos de miles de oyentes en torno a un podcast de audio. Cualquiera, incluyendo tú.

No hay que pedir permiso a nadie, no se requieren titulaciones oficiales, y en muchos casos puedes hacerlo de forma gratuita o muy económica. El dinero ya no es excusa, y los conocimientos tampoco.

Pero claro, ¡hay que empezar!

Hay que ponerse en marcha, y el mejor momento es ahora. No puedes esperar a que se alineen los astros (porque nunca será el momento perfecto), y siempre vas a ser capaz de encontrar mil excusas para no hacerlo porque parece que nunca es buen momento.

La seguridad laboral es un mito

Estoy analizando el cuadro de datos macroeconómicos para España, y en mayo de 2015 tenemos una tasa de paro del 49,3% entre los menores de 25 años.

Prácticamente una de cada dos personas menores de 25 años no tienen trabajo. Hay pocos datos más demoledores que este para una sociedad.

Se estima que hay aproximadamente 4.120.000 personas sin empleo, y el salario mínimo para los que sí trabajan es de unos 757 euros mensuales.

No conozco a ninguna persona en España – ni una sóla – que no haya experimentado de forma directa o indirecta algún drama personal provocado por el desempleo galopante durante los últimos 4 ó 5 años.

Es más, me atrevería a decir que todo el mundo conoce de primera mano por lo menos un caso de tragedias familiares a causa del paro. Pero voy más allá: me atrevería a decir también que en la inmensa mayoría de estos casos las víctimas del desempleo pensaban que su trabajo en esa gran corporación o multinacional era 100% seguro. Eso no iba a pasarles a ellos.

En los tiempos que corren, el argumento de que emprender por tu cuenta es más arriesgado que trabajar para una empresa es de lo más absurdo que he oído.

Si no estás de acuerdo, pásate cualquier día por la oficina de Atención al Ciudadano de la Dirección General de Trabajo y cuéntame lo que ves.

Significado vital

¿Cuál es tu propósito motivador en la vida? ¿Qué es lo que hace que te levantes con ilusión cada mañana?

¿Acaso es ser el mejor comercial de tu oficina, servir más hamburguesas en el restaurante donde trabajas, atender a más clientes en la ventanilla del banco o vender un seguro más que tu compañero de cubículo?

¿Qué es lo que te mueve a dedicar prácticamente la mitad de tu día (la mitad de tu vida hasta que te jubiles) a un trabajo? ¿Es porque al final de mes te pagan un sueldo?

Si es así, si no hay nada más, probablemente terminarás odiando tu trabajo. Y realmente no pasa nada, porque no serás el único, ¿pero alguna vez te has preguntado si es posible cambiar esto?

Siempre he admirado a los médicos, personal de enfermería y demás sanitarios. Al fin y al cabo, por muy mal día que tengan pueden irse a la cama con la absoluta certeza de que han ayudado a alguien.

¿Pero sabes qué?

No sólo los médicos pueden encontrar un significado mayor a su trabajo o una razón de ser. Cualquiera puede hacerlo, simplemente cambiando la actitud hacia el trabajo y viéndolo como un servicio de valor añadido o un acto de generosidad hacia los demás. Todos hemos interactuado con empleados que van más allá de lo estrictamente necesario en su puesto de trabajo, y que claramente se toman muy en serio su trabajo y lo hacen lo mejor posible.

Esta gente llama la atención, precisamente porque son la excepción.

El problema es que esto no siempre es posible en todos los trabajos, a no ser que elijas tu propio camino en función de aquello que más te llena.

En mi experiencia, esto se traduce frecuentemente en algo tan elemental como ayudar al prójimo o aportar un claro valor añadido a los demás ya que la mejor forma de ayudarse a uno mismo es ayudando a otros a conseguir lo que quieren.

A veces es necesario emprender tu propio camino para encontrar este significado vital. De lo contrario pueden pasar meses, y después años, y seguirás tan confundido y miserable como el primer día porque no te has obligado a encontrar esa razón de ser.

Elige tus compañeros de viaje

Hagas lo que hagas, no podrás hacerlo sólo.

Da igual si trabajas en una empresa “convencional”, o si quieres construir algo por tu cuenta, pero antes o después necesitarás ayuda bien en la forma de colaboraciones puntuales o en la forma de compañeros de equipo permanentes.

Perjuicios Online

Imagen cortesía de Pixabay

Tu éxito profesional depende de tu capacidad para relacionarte con terceros, y ante esta encrucijada ¿no sería fantástico poder elegir a cada uno de tus compañeros de viaje?

En un trabajo “normal” te asignan los compañeros, pero si estás dispuesto a crear tu propio trabajo tú decides con quién y para quién quieres trabajar.

Conclusión

Y esto es todo, querido Lector.

Yo no sé si mi decisión es acertada, o dentro de unos meses me estaré tirando de los pelos y viviendo debajo de un puente (por lo pronto, ya estoy colaborando en este interesantísimo curso para emprendedores).

Pero lo que sí te puedo asegurar es que lo voy a intentar, y te daré buena cuenta de ello aquí en el blog y en el podcast de marketing digital que puedes escuchar aquí (por cierto, si te gusta te agradecería mucho si pudieras tomarte 2 minutos para dejarme un comentario y una valoración positiva en iTunes).

Como siempre, gracias por leer. No olvides suscribirte más abajo para recibir actualizaciones periódicas, y si crees que este artículo puede ayudar a alguien que esté pensando dar el salto, no tengas miedo de compartir

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